
Todas las chicas que ahora trabajan en el centro de formación de APRAM –la histórica Asociación para la prevención, reinserción y atención de la mujer prostituida–tienen un pasado común en el infierno. Salieron de él gracias al apoyo profesional de las mediadoras y a su trabajo discreto para encontrar primero y entrar después en los puntos donde las mafias las obligaban a ejercer la prostitución. APRAM y la Consejería de Familia, Juventud y Políticas Sociales, que dirige Concha Dancausa, tienen una unidad móvil que cuenta con la colaboración de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, y con la que han logrado llegar a 2.500 personas, recuperar a 530 mujeres este año y recibir 1.300 llamadas en el teléfono 24 horas 609...
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