Carlos Alcaraz necesita dos cosas para conseguir la hazaña de ganar en Nueva York tras cuatro meses y medio alejado de las pistas: que el físico -en especial, la muñeca que le apartó del circuito- le respete y coger ritmo. Sobre lo primero, a no ser que la procesión vaya por dentro, no muestra problemas. En lo segundo, dio un paso al frente este viernes en su victoria en tercera ronda frente al chino Wu Yibing (6-3, 6-4, 6-1). Porque el ritmo no es solo encontrar los golpes violentos y ajustados de antes, tomar las decisiones adecuadas en cada momento o recuperar la movilidad para cubrir la pista. También es saber sufrir y recomponerse cuando las cosas se ponen feas. Wu no parecía un rival complicado sobre el papel. Es el 113º del mundo , solo ha ganado un torneo ATP, y fue de bajo fuste, y hace ya tiempo (Dallas, 2023). Pero venía al partido más importante de su vida envalentonado, después de no haber concedido ningún set en las dos primeras rondas. Pero Alcaraz sabía que no debía confiarse. Se habían encontrado en una ocasión, en el torneo de Shanghái, y sabía de sus peligros. «Es difícil encontrarle huecos, tiene muy buenos golpes. Va a ser algo exigente, una buena prueba para mí», dijo a la prensa a preguntas de este periódico. El murciano salió a la pista a evitar el inicio dubitativo de su anterior compromiso, en segunda ronda frente al portugués Jaime Faria, donde entregó el primer set. Le rompió el saque a Wu a la primera de cambio y mejoró en un aspecto central, su propio servicio. Es algo que no tiene del todo afinado, pero en esa manga colocó el 77% de sus primeros servicios . Fue un set disputado, con un Wu que exigía a Alcaraz. Igual que exigía el final del verano de Nueva York, con una sensación térmica de 33 grados. Con el calor asfixiante, Alcaraz se crecía, como Induráin en los Alpes. Pero se colocó una nube sobre el sol, y ese fue el momento justo en el que Wu le devolvió la ruptura de saque e igualó la manga. Dio igual, Alcaraz volvió a coger ventaja y se llevó el set con solvencia. Esa solvencia se disipó en el segundo set, que fue lo mejor que se llevó Alcaraz del partido: la capacidad de sobreponerse. Quizá buscó elevar el nivel de agresividad, subir una marcha… y perdió finura. Y llegó una cascada de errores no forzados, hasta 17. Otro problema: la dificultad para aprovechar oportunidades . Tuvo quince ocasiones para romper el saque de Wu, solo aprovechó siete. En compromisos de más nivel, no podrá permitírselo. El murciano se desesperaba. «Coño, tío, es que es una locura», protestaba a su equipo, molesto con el bote de la pelota, mientras le pegaba una patada a la caja de las toallas. «¡No!, ¡no puedo estar jugando así!», gritaba poco después. Pero se recompuso, apagó los nervios, encontró golpes de seguridad, aprovechó fallos del rival y se llevó el set. Hasta ahí llegó Wu, que tiró la toalla en la última manga. Entre alguna sombra y muchas luces , Alcaraz está ya en octavos en Queens. Su rival será el estadounidense Tommy Paul, 21º del mundo, su primer gran examen.
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