A las cinco de la tarde no se presenta en la sala de conferencias del Sánchez Pizjuán una leyenda del fútbol, como esperaba el personal. En vez de Luka Modric (Zadar, 41 años) comparece otro exmadridista, Mateo Kovacic. Queda aparcado en Sevilla el tono sereno y de educada elocuencia que ha caracterizado durante lustros al capitán de Croacia. A la edad de Modric, la mayoría de los futbolistas viven de rentas y juegan al golf, si no se han arruinado por el camino. Pero a él le mueve una pasión desmedida por el fútbol. Y sigue en la élite. Este martes lidera de nuevo a la selección de Croacia en el segundo partido de la fase de grupos de la Liga de Naciones que le enfrenta a España en Sevilla (20:45 h., La 1). Viene de anotar un magnífico gol contra la República Checa. Son 41 años de calidad premium embutidos en un cuerpo que parece más enjuto que nunca, 1,72 metros y 66 kilos, según se aprecia en el ensayo de los balcánicos en el Pizjuán. Pese a que fue rechazado por el Hadjuk Split antes del cambio de siglo, a Modric nunca se le enjuició por su exuberancia física sino por la lucidez de su cerebro. Nacido en Zadar cuando todavía existía Yugoslavia, se crió en las montañas de Velebit en una historia muy conocida y que él mismo plasmó en un libro autobiográfico, 'Mi partido'. Él y su familia fueron desplazados durante la guerra de independencia de Croacia desde su hogar a vivir en hoteles en compañía de otros refugiados. El abuelo de Modric y otros seis civiles ancianos fueron ejecutados por los milicianos serbios de Krajina en diciembre de 1991 en el asentamiento de Jasenice y sus casas fueron quemadas. Modric jugaba en Zadar a regatear los coches en los aparcamientos calcinados. Tras el drama de una guerra vivida en primera persona, a la familia Modric les fue devuelta su casa en el pueblo de Zaton Obrovacki, pero sus padres eligieron permanecer en Zadar para que el adolescente probase suerte en el fútbol. Su padre, técnico en el aeropuerto de la ciudad, y su madre, costurera, decidieron apostar por el chico pese a su modesta situación económica. Tal vez por esa vivencia única como pasajero de una guerra, Modric siempre ha destacado por su versión humana en el despiadado mundo de los profesionales del fútbol. Sin exceso de ego, sin aparentes lujos de caprichoso ni declaraciones propias del 'star system', el croata mantuvo siempre un juicio sereno sin caer en la autocomplacencia, la satisfacción excesiva o la falta de autocrítica de los propios actos en un club tan gigantesco como el Real Madrid. El doctor Luis Serratosa, que trabajó durante doce temporadas para el Real Madrid, coincidió dos años con Luka Modric. Por encima de sus virtudes fisiológicas, el médico destaca dos factores para explicar la longevidad del croata al máximo nivel: la ausencia de lesiones cruciales y su carácter tenaz. «Por su posición en el campo y porque es propietario de un perfil de resistencia, no ha tenido lesiones importantes, salvo una artroscopia de rodilla en 2016 y algún daño muscular. Su disponibilidad tiene mucho que ver con su escasa propensión a lesionarse», cuenta Serratosa a ABC. «Yo destacaría su perfil psicológico -añade el médico-. Es muy disciplinado, se ha cuidado mucho, siempre estaba pendiente de cualquier detalle que le hiciera mejorar su rendimiento, la nutrición, otros medios para recuperarse bien. Tiene una vida muy ordenada. Su carácter forjado en la infancia dura y la guerra le ha hecho resistir, ser resiliente, y ser capaz de estar siempre disponible, no poner nunca una mala cara». Con el Real Madrid jugó 590 partidos y 43 goles, pero su legado le sitúa a la altura de leyendas como Di Stefano, Raúl o Cristiano Ronaldo. La herencia de Modric no fueron los goles, la potencia mediática o la venta de camisetas con su nombre, sino la influencia total en el juego. Aún hoy el equipo blanco echa de menos su inteligencia silenciosa, su mando para armar fútbol de calidad sin caer a la presión de un monstruo como el Madrid. «Diría que es un deportista muy solidario, muy buen jugador de equipo, no ha creado nunca problemas. Por su escasa propensión a las lesiones, su sólida personalidad y también su capacidad para adaptarse a nuevas situaciones no me extraña que siga siendo tan útil a su edad», concluye el doctor Serratosa. Modric lleva veinte años en la selección de Croacia, desde que debutó en 2006. Y recordará con especial énfasis el año 2018, cuando fue nombrado mejor jugador Fifa y UEFA, mejor jugador del Mundial y Balón de Oro por delante de Cristiano y Griezmann. Su seña de identidad es el golpeo de exterior para inventar pases y tiros a puerta tan precisos como impredecibles. Es el futbolista con más títulos en la historia del Real Madrid, 28, que incluyen seis Champions (el que más, con Carvajal y Gento) y cuatro Ligas. Un palmarés que no le elevaba por encima de los mortales, sino que lo acercaba a la normalidad. Muchos vecinos del barrio de Hortaleza comprobaron su amabilidad y discreción en un club de barrio, propiedad de un escuela donde se imparten enseñanzas de Formación Profesional y donde jugaba su hija. Modric, enfundado en un abrigo negro con capucha en invierno, paseaba solitario por el recinto y firmaba autógrafos o hacía selfis sin llamar la atención. «Modric puede jugar en cualquier posición del campo porque es un centrocampista completo y moderno. Un profesional espectacular, de los mejores que he entrenado», lo definió Carlo Ancelotti. Lejos de lamentar su salida del Real Madrid o provocar ruido en los medios de comunicación, el jugador dejó una frase para el madridismo en su despedida. «No llores porque se acabó, sonríe porque sucedió».
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