La cita con el futbolista que ha disputado más partidos en la historia del Rayo Vallecano tiene poco que ver con la sofisticación y el talante pijo del fútbol actual, los jefes de prensa, los asesores, el tiempo medido, la charla políticamente correcta. Jesús Diego Cota (58 años, 18 temporadas en el club) cita a ABC en una cafetería para hablar y junto a un parque para hacer unas fotos. El Rayo se juega este jueves una plaza en la final de un torneo europeo, la Conference League (21 horas, ante el Estrasburgo con ventaja de 1-0, Movistar +), y el jugador referente del club analiza su vida, a la entidad y al barrio de Vallecas. -El Rayo en una semifinal europea, ¿casi impensable, no? -Para un barrio como Vallecas, era impensable. Recuerdo que muchos compañeros tuyos se reían de mí cuando yo decía, «voy a jugar la UEFA con el Rayo». Y la jugamos por aquello del 'fair play' cuando éramos un equipo ascensor, segunda, primera, segunda, primera. Era impensable entonces y ahora. Estar a punto de una final europea, en un barrio… Este equipo hace disfrutar al rayismo y a Vallecas. -La palabra que unifica todo es barrio. Su barrio. -Efectivamente. Vallecas y este equipo es todo uno. Es el motivo que nos hace llegar donde estamos. El equipo está muy involucrado con el barrio, y Vallecas tiene una esencia especial, es un barrio muy cercano a todo el mundo. No lo digo solo yo, lo dicen todos los jugadores que vienen. «Es que estoy como en mi casa», me dicen. Desde Óscar Trejo hasta Lopetegui, todos los jugadores se han sentido muy protegidos en Vallecas. -¿Cómo es esa esencia de la que habla? -Hay gente que ha fallecido, que disfrutaron en su momento de la UEFA y del Rayo y que ahora lo están disfrutando sus hijos, sus nietos. Se acuerdan de sus padres, de sus abuelos. Y eso es muy bonito, muy entrañable, difícil de explicar si no se siente. Es sentimiento puro. Hay una unión tremenda entre el equipo y el barrio. Y la vida pirata suena se gane o se pierda. Eso es lo bonito. -¿Cómo creció en el barrio? -Yo estudiaba al lado del campo del Rayo. Mis padres tenían tres puestos de frutería en la galería de la calle Pedro Laborde 9, ahí cruzando el Parque Azorín. Dejé el colegio con 14 años y me puse a trabajar con ellos en la frutería. No querían que estuviera en la calle y yo tampoco quería. -¿Cómo era esa vida en la tienda? -Mi padre iba cada mañana al Legazpi antiguo a las 4 de la mañana, y yo iba con él algunas veces. Después íbamos a Mercamadrid, que nos pillaba mucho más cerca de casa. Aquello era un mundo, gente en manga corta a bajo cero, miles de carretillas, no los toros de ahora, cubos llenos de carbón para calentarse. Y contratábamos a un policía amigo que nos ayudaba a descargar y cargar. Era sacrificado. Yo era gamberro, pero el amor al fútbol me sacó de las calles y de la frutería también, ja, ja, ja. -Y seguramente de algo más. -Sí, correcto, me sacó de la calle y de las drogas de la época. Muchos primos míos cayeron en la droga y han fallecido, igual que otros compañeros de clase. Eso fue muy triste. A mí me salvó que era un fanático del deporte. Al lado del Alcampo había un cuartel de bomberos, compraban en la frutería de mis padres y yo iba a entrenar con ellos porque quería ser bombero. Me gustaba mucho esa fusión de deporte con la aventura. -Escapar de un ambiente de drogas en los barrios de los ochenta era decir no a gente, evitar compañías, pasar por algún mal trago… -Tal cual. Yo tuve que dejar a mis familiares, a mis primos, a los que decían que era un achantado... No podía ir con ellos. Mi pasión era el deporte y me gustaba todo, el boxeo, he ido a ver a Poli Díaz muchas veces, entrenamos juntos en el mismo estadio. El deporte es muy importante para la gente joven y el Rayo Vallecano hace mucho socialmente por el barrio. Es básico decir a los chavales que puedes conseguir los sueños haciendo las cosas bien, dejando de lado las drogas, las bandas, las malas influencias. Y nunca abandonar los estudios. -¿Nota esa influencia del Rayo en Vallecas? -Claro. Es pensar que puedes hacer algo con tu vida, relacionado con el fútbol. Para mi vida ha sido muy importante ser un referente en Vallecas. Soy un jugador del barrio, que viví como los vecinos y que he jugado más que ningún futbolista del equipo en 102 años. A los chavales les tiene que animar pensar 'si ha llegado Cota, ¿por qué no podemos llegar nosotros?' El 22 de mayo vamos a entregar mis premios en un colegio, y no buscamos a un triunfador en la élite, sino el tema de la inclusión, gente que ha hecho mucho por Vallecas. Y este año es para Juan Múgica, que nos tenía ahí jugando al fútbol con cuatro piedras como postes y que dio trabajo a muchos chavales del barrio. -¿Cómo eran esos partidos con cuatro piedras? -Era en descampado, o en los soportales de la galería del mercado viejo, en unos patios que había, y con cuatro piedras hacíamos las porterías. Estábamos deseando salir del colegio para echar esa pachanga. -Y de ahí llega a ser profesional en el equipo de sus amores. -Siempre digo que se lo debo todo al Rayo y el Rayo me lo debe todo a mí, nos hemos dado todo mutuamente. Y siempre me involucré de manera excesiva. Por el Rayo me he pegado con mis compañeros, era capaz de todo. No admito que me metan tres goles y venir cantando. Eso me comía por dentro, no podía aguantarlo, parecía que no había pasado nada. -¿Pegarse con compañeros literalmente? -Sí, sí, sí. Pegarse de verdad. Lo que llamamos darte de hostias. Antes era hasta sano pegarse con un compañero. Te dabas un par de hostias y luego esa persona era tu mejor amigo. Y no pasaba nada. No había más historia. Muchas veces pues ese par de hostias a la gente le hacía reaccionar. Yo me he pegado con Botella, con Sánchez Candil, con más gente y ahora son amigos míos íntimos. Pero hay momentos en que hay que cortar determinadas cosas. -¿Usted sentía el Rayo y los otros no? -Puede ser. Yo era de Vallecas, de la cantera, del barrio, y muchos venían de por ahí fuera a levantarte los brazos, a hacer y deshacer. Se metían con los chavales de la cantera, y a mí eso me molestaba mucho. Yo siempre he sido un defensor de los compañeros, en el colegio y en el fútbol. -¿Se sentía con autoridad como local? -Sí, pero fui cumpliendo años, me di cuenta que hay muchas cosas para manejar. Como capitán tienes que marcar unas diferencias y predicar con el ejemplo. Era puro nervio, y me fue mucho mejor cuando me calmé. -¿Cómo fue estar toda la vida en el mismo club? ¿No tuvo ofertas? -Rechacé ofertas importantes, del Betis y de otros clubes por estar en el Rayo. No me arrepiento porque ahora no hay muchos de un solo club. Koke, Sanchís, Puyol... Lo que vemos hoy en el Rayo es que los jugadores se encuentran muy a gusto y se involucran con el barrio. Al capitán Óscar Trejo la gente lo adora, parece de Vallecas de toda la vida. -En el Rayo han jugado futbolistas que buscaban, ya veteranos, una segunda juventud. Cunningham, Hugo Sánchez, Polster, Falcao, James... -Y Rubén Cano. Cuando yo debuté estaba Rubén Cano en el equipo. Laurie Cunningham era mi ídolo. Falleció en un accidente de tráfico jugando en el Rayo. Tenía algo distinto, era muy elegante, una persona con ángel. Siempre animaba, decía cosas siempre buenas,. Ahora tengo mucha amistad con su hijo, Sergio, que se ha hecho muy muy rayista. -¿Hugo Maradona? -Maradona era un chico que vino muy joven, en el 89, el año que ascendimos, era un chaval muy supeditado a su hermano. No hacía nada si no lo aprobaba su hermano. Tenía muchísima calidad, llevaba el balón como su hermano, igual. -¿Hugo Sánchez? -Yo no había visto un futbolista tan profesional como él. Pero luego era muy suyo, le costaba trabajo coger un poco confianza con los compañeros, venía del Madrid, ya mayor con 35 años. Pero conseguimos meterlo en el equipo jugando a los chinos. Era una máquina, siempre ganaba a los chinos. A la hora del café jugábamos a los chinos con él. Le gustaba mucho. -¿Qué nombre destacaría por el sello que dejó en Vallecas? -Wilfred, una persona que murió muy joven. Yo le llevaba a los entrenamientos, y me decía que era su mejor amigo. Y lo decía, mejor amigo, pero parezco tu padre. Te llevo a entrenar, te doy fruta después de los partidos... Y el pobrecito falleció con 48 años. Era nobleza pura. -Un personaje era el presidente, José María Ruiz Mateos. -Fue mi presidente hasta que me echaron en 2002, que me retiraron por pesado. El club no estaba bien económicamente y con Ruiz Mateos los jugadores empezamos a cobrar sin falta. No sabía de fútbol y parecía que el Rayo era una escuela de aprendizaje. Un día ponía de gerente a un hijo o a un empleado de Trapa. La familia Ruiz Mateos tenía algo bueno, seriedad y un protocolo a seguir. Los lunes nos reuníamos en Somosaguas. Con ellos había un equilibrio. Y fueron inteligentes, porque se involucraron con el barrio. -En su implicación con el club, usted tuvo un restaurante en la planta baja del estadio... -Sí, y no se dio mal. Era como tener un templo en Vallecas. De hecho, lo llamaban así, el templo. Se veían los partidos en una pantalla gigante, venían los jugadores, la directiva... -¿Nunca le han ofrecido ser directivo? -Siempre he estado a punto, pero nunca he entrado. ¿Por qué? Muy sencillo, porque no doy el perfil. Yo hago nombre de Vallecas, he vivido en el barrio, pero soy una persona un poquito complicada, tengo mucho carácter y hay cosas que no acepto. No soy fácil. Me duelen mucho las cosas y me las tomo muy a pecho. -El club está obsoleto en sus estructuras, el estadio... ¿A eso se refiere? -Puedes ser humilde y también tener un servicio diferente, ¿no? Puedes tener tus entradas online, que las tienen en Primera y Segunda RFEF. Puedes tener un estadio viejo, pero puedes cuidarlo. Puedes tener unos baños limpios, puedes hacer que todo funcione bien. Y básicamente puedes tener buen trato con las instituciones, pero no se llega a un acuerdo y lo paga el Rayo y el barrio. La Comunidad también tiene que involucrarse más, llegar a acuerdos y evitar la mala imagen de Vallecas. A los vallecanos no nos gustaría cambiar el estadio de ubicación. Y lo que sucede es por dejadez. No hay más opciones que ponerse el mono de trabajo y que entre Raúl Martín Presa y las instituciones se pongan de acuerdo y hagan un estadio recogidito, pero en condiciones. Tampoco se pide gran cosa, que los asientos estén limpios, sin cagadas de palomas. Algo acogedor y con capacidad para 10.000 ó 15.000 personas. Se está estudiando un proyecto a ver si se saca y a ver si se puede conseguir. -¿Por qué deportivamente sí funciona el equipo? -Tiene mucho compromiso, el equipo tiene alma, es una familia. Son jugadores que están involucrados, son amigos, salen a la calle y hablan con todo el mundo. Se sienten queridos, se sienten diferentes. Eso se lo hace sentir la gente de Vallecas. Ese cariño, ese calor ellos lo notan y yo pienso que es la mayor motivación que tienen, la afición. Solo nos falta que el presidente estuviera ahí metido también. Eso sería el no va más.
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