
El constitucionalismo siempre se ha quejado, y con razón, de que competía en inferioridad de condiciones con el nacionalismo vasco. El terrorismo de ETA, es evidente, tenía una enorme influencia en la actividad política y los asesinatos impedían que PSE y PP pudieran participar en ella en pie de igualdad. En teoría, por tanto, la rendición de la banda debía haber facilitado la expansión de estas fuerzas políticas, libres ya del yugo de la violencia más dura, como eran los asesinatos. Sin embargo, ha sucedido lo contrario. «No se ha sabido poner en pie una alternativa al nacionalismo; hay compañeros que se amoldan, pero yo no estoy de acuerdo en contemporizar con ese sector», afirma Alfonso Segade, exconcejal del PSE en...
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