
Pedro Sánchez abrió la puerta ayer por la noche a adoptar nuevas medidas para contener el avance del coronavirus, aunque lo hizo con la boca pequeña y sin ninguna concreción. El jefe del Ejecutivo compareció ante el Congreso para pedir la prórroga del estado de alarma mientras fuera del Palacio de Las Cortes un español fallecía cada dos minutos por el coronavirus. Y aunque prometió que la «pesadilla» del Covid-19 llegará a su fin, también reconoció que el país debe prepararse para sufrir «olas futuras». Consciente de que la mayoría de la Cámara reclama más medidas, Sánchez garantizó a la oposición que revisará todas sus propuestas y aplicará las que considere viables. De momento, derivó las exigencias de transparencia al ministro de Sanidad, Salvador Illa, quién comparecerá cada semana en la comisión de Sanidad del Congreso, reconvertida en «comisión de seguimiento del coronavirus». Tras esta concesión, el líder socialista pidió el apoyo de todos los partidos a la extensión del confinamiento para «ganar tiempo» y lograr que los hospitales puedan asimilar a los enfermos y los investigadores hallar una vacuna. El jefe del Gobierno también reclamó unidad, lealtad, y el bloqueo «de cualquier pensamiento mezquino y egoista».«No ha habido ni un solo día, ni una sola hora, ni un solo momento» en que el Gobierno haya dejado de tomar medidas, subrayó. Como ya sucedió el miércoles pasado, no hubo rastro de autocrítica en su discurso. Al contrario, Sánchez volvió a insistir en que ha seguido en todo momento las recomendaciones de los científicos españoles y de los organismos internacionales. El presidente de Vox, Santiago Abascal, le replicó. «Díganos quienes son esos científicos para no volver a confiar en ellos». Sánchez salió con la autorización de la Cámara bajo el brazo -sin ningún voto en contra-. Pero sus palabras siguieron sin dar confianza a la oposición en un pleno que se extendió hasta más allá de la medianoche. Las críticas le llovieron desde la primera intervención y la fijación de posiciones dejó en evidencia la debilidad de sus alianzas. El Congreso elevaba así su presión ante una gestión que fue considerada desde «poco eficaz» a «tardía», « insuficiente» e incluso «negligente» por sus rivales pero también por la mayoría de sus socios. Casado: «Urgencia y eficacia» El presidente del PP, Pablo Casado, volvió a demostrar sentido de Estado al conceder su apoyo a la prórroga del estado de alarma y unir filas con el Gobierno en torno a la idea de que nadie debe quedarse atrás. En un discurso que brilló tanto en forma como en fondo pidió «urgencia y eficacia» en la respuesta a la que ya es la mayor crisis económica, social y sanitaria de los últimos ochenta años. Entre otras cuestiones, el líder de la oposición cargó contra la falta de medios materiales y de protección con la que se enfrentan cada día a la pandemia tanto los sanitarios como los miembros del Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. «Usted aún no lo ha reconocido ni ha pedido perdón por una negligencia tan grave. Tiempo tendremos de pedirle responsabilidad, no lo haremos ahora», subrayó. Siguiendo este hilo, avisó al presidente de que los españoles necesitan poder confiar en el Gobierno y que esta credibilidad no se consigue con palabras sino con hechos. «Nuestro país no está para más mítines ni para manuales de resistencia ni de autoayuda. Los españoles necesitan soluciones, no promesas. Certezas, no soflamas. España está de duelo y esto no va bien», afeó Casado. El presidente del PP denunció también la doble vara de medir de la izquierda comparando su petición de unidad y lealtad de hoy con los ataques lanzado al Gobierno de Mariano Rajoy durante la crisis del ébola. Cerró con una petición: «no defraude a los españoles una vez más, no se lo merecen». Abascal: «Todo mal» El presidente de Vox también comprometió su apoyo a la prórroga pero atacó con contundencia al Gobierno. Recién recuperado del coronavirus, Abascal advirtió tanto a Sánchez como al vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, presente en el pleno que «lo han hecho todo tarde y todo mal». Asimismo, les acusó de mentir y ocultar información y les advirtió que su grupo no descansará hasta que asuman su responsabilidad para la mala gestión realizada. Por su parte, la diputada de Cs, María Múñoz, cargó contra el tiempo perdido por el Gobierno. Pese a ser socio del Gobierno, el portavoz de ERC, Gabriel Rufián, también fue muy crítico y solicitó la paralización de toda la actividad no esencial, al igual que Bildu, CUP o Junts (por escrito). Lo mismo reclamaron otros aliados de Sánchez como Más País mientras el PNV discrepó y pidió tiempo para ver el efecto de las medidas adoptadas. No obstante, se abrió a ampliarlas si resultaran insuficientes. Unanimidad frustrada Al cierre de esta edición aún no se había celebrado la votación pero las posiciones apuntaban a la aprobación de la prórroga gracias al bloque de la derecha y regionalistas. PP, Vox y Cs uniendo fuerzas con PSOE, Podemos, PNV, CC, NC, Más País, Compromís, PRC, Teruel Existe, BNG, Navarra Suma y Foro hasta sumar 322 «síes» ERC, Junts, CUP y Bildu se ponían de perfil y avanzaban su abstención impidiendo la valiosa unanimidad de 350 «síes».
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