Al primer lugar al que llegaron los Reyes Magos en Madrid fue a las barriadas más pobres, orfanatos y hospitales donde permanecían ingresados niños enfermos. Montados a caballo, sin carrozas y con un escueto séquito, Sus Majestades regalaban sonrisas a los más humildes obsequiándoles con juguetes de trapo hechos a mano o un puñado de turrón. De estas acciones esporádicas y benéficas de principios del siglo XIX nació una tradición que desde 1953, cuando ya la asumió como propia el Ayuntamiento, ha servido para embarcar a los magos de Oriente en las cabalgatas más inimaginables: sobre el techo de una furgoneta, subidos a una carroza pilotada por varias motos Vespa camufladas de ovejas, en una máquina excavadora o incluso sobre... Ver MásDe España https://ift.tt/3ogInvJ






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