
El médico del hospital en Polonia que auscultó a Fabio Jakobsen después de su pavorosa caída en agosto pasado tal vez nunca había emitido un diagnóstico de pronóstico tan sombrío para un deportista. Contusión craneal, fractura de cráneo, nariz rota, fractura de paladar y desgarro, pérdida de diez dientes, zonas arrancadas de la mandíbula superior e inferior, cortes en la cara, corte en la cavidad del corazón, 82 puntos de sutura, fractura de un pulgar y contusiones en el nervio bucal, hombros, pulmones y glúteo. Dos días después de aquella valoración, al ciclista del Deceuninck le enviaron un sacerdote a la cama. «Si me hubieran enviado a un imán o un budista, también habría aceptado. Me preparaba para un lugar...
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