lunes, 14 de septiembre de 2020

Lo que no sabe Arrimadas

La predisposición expresada ayer por Arnaldo Otegui en nombre de Bildu para añadir sus escaños a los de la coalición de gobierno de Pedro Sánchez en la futura aprobación de los Presupuestos Generales del Estado no es una novedad. Forma parte del juego táctico ideado a varias bandas por Sánchez para garantizarse un éxito en la votación definitiva de las cuentas públicas, asegurar así una legislatura larga de la mano de sus socios de investidura y, sobre todo, para utilizar a Ciudadanos como un pelele de quita y pon, poniéndolo a prueba en cada envite político, consciente como es La Moncloa, de la fractura interna en ese partido y de su debilidad y su mermada capacidad de influencia. Durante los más de tres meses de estado de alarma, Inés Arrimadas inició un giro estratégico de paulatino desapego del PP, y de renuncia a su caracterización como un partido más de la derecha cuyo único destino era desaparecer, antes o después, absorbido por Génova. A Arrimadas le pudieron el instinto de supervivencia, el miedo al fracaso y el estigma de una derrota electoral brutal, y por eso optó por una oportunista reconducción ideológica de Ciudadanos en auxilio de Sánchez. La coartada era el ejercicio de una responsabilidad patriótica en un momento depresivo para España, pero la realidad era salvar a Ciudadanos aun a costa de desvirtuar la identidad que en los últimos meses de su gestión había atribuido Albert Rivera a su partido. Por eso, Sánchez decidió poner a prueba a Arrimadas. La prueba era sencilla: que Ciudadanos contribuyera a desmontar el andamiaje de poder que el PP había logrado en Andalucía, Murcia, Castilla y León, y especialmente, en Madrid. No tardó el PSOE en airear su pretensión de presentar una moción de censura contra Isabel Díaz Ayuso. Incluso, hace escasos días el episodio tuvo un plus en este desafío a Ciudadanos al filtrarse desde el PSOE que apoyaría la investidura de Ignacio Aguado como presidente madrileño. Sin embargo, el «no es no» de Arrimadas a Sánchez le ha valido el desprecio de La Moncloa en los últimos días. «Lo demás son juegos florales… y un divertimento para Sánchez, consciente de que tiene los presupuestos aprobados de antemano» Por eso, Sánchez reta a Ciudadanos recuperando la «mesa de diálogo» con la Generalitat de Cataluña, incluso antes de conocerse si Joaquim Torra va a ser definitivamente inhabilitado; por eso el PSOE insiste en matizar la regulación penal del delito de sedición como fórmula encubierta que permita en su día indultar a los condenados del separatismo; por eso Sánchez da el pésame a Bildu por la muerte de un etarra en prisión; y por eso resucita que Ciudadanos, que consintió con sus votos la extensión del estado de alarma en hasta seis votaciones, sigue siendo cómplice de la «foto de Colón». Madrid es el motivo del despectivo ninguneo socialista a Arrimadas, y en Cataluña el PSC anhela un tripartito con ERC y Podemos. Lo demás son juegos florales… y un divertimento para Sánchez, consciente de que tiene los presupuestos aprobados de antemano. No hay un solo empresario en España que no lo sepa.

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