lunes, 9 de noviembre de 2020

Arranca el juicio de la matanza yihadista de las Ramblas con solo tres acusados

Los cabecillas están muertos. Younes Abouyaaqoub, el joven que aquella tarde del 17 de agosto de 2017 conducía la furgoneta que sembró de terror y de muerte Las Ramblas fue tiroteado cuatro días después por los Mossos d'Esquadra. El imán Abdelbaki Es Satty, líder e ideólogo de la célula de Ripoll, falleció junto a otro de los terroristas –según los investigadores– en la explosión del chalé de Alcanar que habían convertido en su laboratorio, aunque Jaume Alonso-Cuevillas, diputado de JpC y abogado de una de las víctimas, cuestiona que el líder esté muerto. Otros cinco yihadistas fueron abatidos tras el atropello del paseo marítimo de Cambrils. Así pues, la Audiencia Nacional juzga desde hoy solo a tres de los terroristas, secundarios pero también con papeles relevantes. Se sentarán en el banquillo Mohamed Houli Chemlal, de 23 años, el único superviviente de la explosión de Alcanar; Drisss Oukabir, de 31 años, a cuyo nombre se alquiló presuntamente la furgoneta del atropello de Las Ramblas; y Said Ben Iazza, de 27 años, quien habría prestado su documentación y un furgón para proveerse y transportar material explosivo. Ninguno de los tres estaban en Las Ramblas o Cambrils en el momento de los los atentados. Para los dos primeros, la Fiscalía pide 41 y 36 años de prisión, respectivamente por delitos de integración en organización terrorista, fabricación, tenencia y depósito de sustancias explosivas. Y para el tercero, ocho años de cárcel por colaborar con la conocida como célula de Ripoll. Ninguno de ellos fue procesado específicamente por las 16 muertes y los 140 heridos de Barcelona y Cambrils del 17-A, pero el tribunal dejó la puerta abierta a que las acusaciones lo incluyeran en sus peticiones. Por eso la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT) reclama prisión permanente revisable para Oukabir y Houli Chemlal por delitos de asesinato, y entre 25 y 30 años de cárcel para Said Ben Iazza. Y el Ayuntamiento de Barcelona solicita penas de hasta 95 y 44 años de prisión para los dos primeros, y de ocho años para el tercero. La divergencia en las penas solicitadas estriba en la diferente responsabilidad en los atentados que las acusaciones achacan a los tres procesados. Atentar en Las Ramblas y en el paseo marítimo de Cambrils no era el plan inicial de la célula de Ripoll, que se había propuesto cometer el atentado más sanguinario hasta la fecha en occidente. Barajaban, por ejemplo, golpear un símbolo como la Sagrada Familia, pero sus propósitos se desbarataron la noche del accidente en el chalé de Alcanar, laboratorio y almacén de explosivos de la célula de Ripoll. Allí murió el imán. Y los terroristas que sobrevivieron, horas después, improvisaron los atropellos. Por eso el Ministerio Público –que en la sala estará representado por los fiscales Miguel Ángel Carvallo y Ana Noé– considera que no se puede atribuir a los tres procesados esos planes cambiados sobre la marcha. La AVT discrepa y cree que Houli Chemlal y Drisss Oukabir sí que deben responder por 15 asesinatos, además de otros 150 en grado de tentativa. Consideran que, si bien no fueron los ejecutores de los atentados, habrían sido cuando menos encubridores. Entre los documentos que se encontraron en la furgoneta estaba el pasaporte de Houli Chemlal y el contrato de alquiler a nombre de Oukabir. El único asesinato que no achaca esta acusación a los dos procesados es Pau Pérez, el joven al Younes Abouyaaqoub mató para robarle el coche y escapar tras cometer la masacre de Las Ramblas. Incógnitas sin resolver La vista oral arrancará hoy, pero está previsto que se alargue hasta el 16 de diciembre, cuando según los planes iniciales de la Audiencia Nacional, debería quedar visto para sentencia. Antes, el tribunal deberá escuchar a los tres procesados, a peritos, forenses y cuatro centenares de testigos. Buena parte de ellos estaban en Las Ramblas sobre las cinco de la tarde del 17 de agosto cuando la furgoneta de Abouyyaqoub irrumpió a gran velocidad en el paseo central llevándose por delante a decenas de transeúntes. Horas más tarde, ya de madrugada, y tras haber comprado cuchillos, un hacha y fabricarse falsos cinturones de explosivos, cinco miembros de la célula reprodujeron el atropello en el paseo marítimo de Cambrils. Los cinco fueron abatidos allí mismo. El 21 de agosto los Mossos tirotearon también a Abouyyaqoub, tras localizarlo en una zona de cavas de Sant Sadurní d'Anoia. Presidido por el magistrado Félix Alonso Guevara, el juicio que hoy arranca, con los máximos protagonistas de las matanzas ya fallecidos, difícilmente podrá resolver las grandes incógnitas que todavía revolotean sobre aquella masacre. ¿Contaba con respaldo internacional el imán Adelbaki Es-Satty, el ideólogo de las matanzas, o maniobró por su cuenta? Los investigadores no han conseguido averiguarlo, pese a haberse acreditado numerosos viajes del imán a Bélgica, uno de los mayores focos de radicalización islamista en Europa. Y a buen seguro, algunas acusaciones, como la que ejerce el diputado poscovergente Alonso Cuevillas, tratarán en la medida que puedan desprestigiar al Estado señalándole por negligencia ante la supuesta conexión del imán con el Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Conectado o habiendo actuado por su cuenta y riesgo, lo que está claro es que tras aterrizar en Ripoll en 2015 Es-Satty fue capaz de canalizar las frustraciones de un grupo de jóvenes de una generación nacida en España para dirigirles a golpear al país en el que sus padres habían decidido emigrar. Tampoco será fácil que las incógnitas sobre el proceso de radicalización de estos jóvenes puedan despejarse en un juicio que el tribunal tratará de que se ciña al papel de los tres procesados a los que juzga. Una vista oral, en una sala en la que previsiblemente se escuchará hablar más del chalé de Alcanar que del atropello de Las Ramblas.

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