
Tres horas después de la derrota gubernamental durante la votación del decreto del remanente de los Ayuntamientos, los servicios de prensa del PP anunciaron que Pablo Casado iba a dar un «canutazo» en el patio de la entrada principal del Congreso de los Diputados. El líder del PP avizoró la oportunidad de barrenar en la herida infligida a Sánchez. La ministra de Hacienda no podía disimular un cabreo cósmico por el fiasco y llevaba toda la mañana acusando al principal partido de la Oposición de haber liderado la rebelión parlamentaria con el único propósito de desgastar al Gobierno. Por primera vez en mucho tiempo, el protagonismo del patrón de la derecha adquiría visibilidad en una acción mancomunada con el resto...
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