
Un fino manto anaranjado cubre el parabrisas de los coches aparcados en la confluencia de la calle de San Epifanio con la que antes era Duque de Tovar, ahora desaparecida por el derribo del estadio Vicente Calderón. El polvo, procedente de las obras, se acumula también en la calzada y llega hasta las ventanas de los vecinos del número 28, más cercano a las grúas, excavadoras y montañas de arena que se han levantado donde antaño estuvo el templo del Atlético de Madrid. Los trabajos, que dieron el pistoletazo de salida hace dos años, dejan al vecindario del barrio de Imperial cercado por el ruido y las partículas de tierra, aunque los moradores afirman que la problemática ha mejorado con...
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