domingo, 5 de julio de 2020

Los niños recuperan su libertad en los campamentos urbanos: «Vienen concienciados»

A las nueve de la mañana, el Club Deportivo Suanzes abre sus puertas. Minutos después comienza, como si de un goteo se tratase, la llegada de los niños apuntados al campamento urbano cargados con mochilas, objetos de deporte y, como no, la mascarilla, que es obligatoria en todo el espacio excepto cuando están practicando alguna de las actividades. Tras tres meses recluidos por el confinamiento y después de que el curso se diese por finalizado, los pequeños ven en los campamentos su vuelta a la normalidad. Antes de entrar en el recinto de 16.000 metros cuadrados, se toman la temperatura y se echan gel hidroalcohólico en las manos. «Vienen muy concienciados», resume Sergio Piñonosa, director adjunto de este enclave situado delante de la Quinta de Torre Arias. El campamento inició su actividad el 22 de junio, coincidiendo con la entrada de Madrid en la nueva normalidad. Hubo meses de incertidumbre sobre si se iba a poder llevar a cabo debido al coronavirus y sobre cuál sería la ratio de niños, que actualmente se sitúa en doce por cada monitor. «Empezamos a organizarlo en febrero y ya teníamos reservas hechas, pero tuvimos que paralizarlo todo», continúa Piñonosa. Después de la pandemia, pensaban iniciar el campamento el 15 de junio, pero tuvieron que retrasarlo una semana más para poder poner en práctica la normativa y organizarlo todo, finalmente, en solo dos semanas. «El balance inicial es muy positivo. La primera semana tuvimos apuntados a poco más de cuarenta niños. Esta semana ya tenemos a ochenta. Aunque los datos son buenos, hay que decir que son la mitad de niños que el año pasado», asegura el director adjunto. Las semanas de más afluencia y con más peticiones son la primera y la segunda de julio, siempre la quincena estrella en este campamento urbano que ha adaptado sus instalaciones a la nueva normalidad, con dispensadores de geles en cada esquina, carteles indicando la distancia de seguridad, recorridos establecidos y recomendaciones para practicar pádel y tenis, como desinfectar el calzado, utilizar bolas nuevas en cada partido y desinfectar el material después de cada clase. «El objetivo del campamento es hacer amigos y donde más se hacen es en las zonas comunes. No sé si es una pena o falta de suerte que este año no las puedan utilizar por la pandemia, pero los niños son los que mejor se adaptan a los cambios», cuenta Ignacio Martínez, uno de los coordinadores. «Los grupos están hechos por edad con actividades que van cambiando cada semana, aunque la estrella sigue siendo la piscina», prosigue Martínez: «Lo que sí ha cambiado este año es que no hay competiciones entre los grupos ni tanta interacción, dentro de que son niños. Son grupos estancos porque en caso de que uno tenga el virus o lo tenga alguien de su familia podemos conocer mejor los contactos y no habría que aislar a los demás». Los equipos se hacen de tres a cinco años, de seis a nueve y de diez a catorce. Sin excursiones Las actividades que se realizan en Suanzes van por franjas horarias: de 9 a 11 horas, prácticas deportivas; de 11 a 12, piscina, y de 12 a 14, talleres. Al finalizar, pueden elegir si quedarse a comer. «La comida sí que ha bajado este año. El año pasado se quedaba la mitad de menores apuntados; este año la mitad de la mitad, o sea, el 25 por ciento de lo habitual», puntualiza Piñonosa. En cuanto a la piscina, los organizadores han dividido el jardín que rodea la instalación en varias parcelas para cada grupo con un aforo determinado para vigilar los contactos. En la carretera de Colmenar se encuentra el campamento IDEO, que comenzó este lunes, con menores desde los dos años hasta los doce. «Ahora tenemos reserva para 43 niños. Las reservas han bajado casi a la mitad», dice Silvia Rodríguez, la coordinadora, que lleva tiempo dedicada a la organización pero hasta hace un mes no sabía con certeza si se iba a desarrollar. «Antes de empezar la pandemia lo sacamos en la página para que los padres fuesen pensando en ello, pero llegó marzo y todo se trastocó», afirma. Para evitar riesgos, han cancelado la actividad de piscina y las excursiones a medios naturales. «Este año solo hacemos actividades en el centro con grupos cerrados para que se junten solo niños del mismo grupo y su monitor. Por suerte no tendremos problema porque los espacios son muy amplios», indica Rodríguez, deseosa de retomar las «gymcanas» y los talleres. «Queremos que sea lo más lúdico posible, que vean que después de esa realidad vivida durante estos meses pueden volver a la anterior, que vuelvan entre comillas a sentirse libres». Los más perjudicados Pero no todos los campamentos sienten la misma alegría. Los de actividades específicas, como cocina, son este año víctimas indirectas del patógeno. «Solo tenemos dos reservas para la segunda semana de julio. El año pasado había diez niños por semana y este año, nada. En este sector está todo muy parado», se queja Pablo, director de Soy Chef Madrid, que ya lo había organizado para ejecutar talleres con un máximo de seis menores para respetar la distancias en la escuela de cocina. El día 15 abrirán los dependientes del Ayuntamiento y la Comunidad.

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