
Ana Obregón tuvo una época de alta efervescencia televisiva, a bordo del programa «Qué apostamos», y luego en algunas históricas noches de fin de año. Los ochenta, y los noventa, fueron suyos, y fue la novia de tantas portadas. Luego se fue subiendo y bajando a distintos proyectos, de desigual fortuna, hasta repercutir fuerte de nuevo en «Ana y los siete». Pero por encima o por debajo de todo esto, Obregón ha sido, desde siempre, la fama misma. Algo así como un spot de su propio ánimo dispuesto. Obregón, así en síntesis, ha sido una chica de mucha fantasía y una simpática de vacaciones que convidaba cada año a bikini a todos los reporteros de la zona, igual que Antonio...
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