
El estruendo de las máquinas motosierra rompe una fría y soleada mañana de diciembre el silencio que ha envuelto a la Venta del Batán en los últimos cinco años. Desde que la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital firmaron el mes pasado un convenio para devolver el esplendor a esta cuna de figuras del mundo del toro, una cuadrilla de operarios se afana en poner a punto los corrales y la pequeña plaza de la Casa de Campo en la que maestros como El Juli, Uceda Leal o Joselito dieron sus primeros pases cuando tan solo eran unos niños. Los botes de pintura blanca y roja con el que los obreros renuevan los muros y las puertas del...
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