Paralela a la Navidad de espumillón, orillada del porvenir del alumbrado, va a suceder otra Navidad, la Navidad del desesperado, la Navidad de quien hará brindis con la nada, para echar después la cabezada a la intemperie, o casi, mientras se arropa un poco el corazón aterido bajo tres jirones de cartonaje, que son el ajuar primero y último de todo mendigo. Porque Madrid aún es ciudad de mendigos, y en los soportales de la Plaza Mayor, concretando, padece una colonia de mendigos. Esto no es tema navideño, sino de más lejos. Pero ahora los mendigos, cuando arrecia la noche, aún se aprecian más, entre el cancán de los que andan por el sitio de tapas, y los chinos del... Ver MásDe España https://ift.tt/3lSL9YT






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