jueves, 3 de junio de 2021

Los vecinos agradecen el cierre a medianoche de las 'terrazas Covid': «Nos va a permitir descansar»

Pilar Rodríguez recibió enseguida la buena noticia. «Los vecinos han petado el teléfono: '¡Pilar, lo hemos conseguido!' Vale, sí, estamos encantados, pero necesitamos muchas más cosas», resume la presidenta de la asociación vecinal El Organillo su reacción a la decisión del Ayuntamiento de Madrid de mantener el horario de las 'terrazas Covid' a medianoche. La medida municipal, que afectará a las 3.053 nuevas terrazas repartidas por la capital, llega apenas dos días después de que la plataforma SOS Chamberí —formada por las asociaciones de El Organillo, Trafalgar y Nosotras Mismas— se manifestara en Sol con la misma petición. Una pequeña victoria para los vecinos que soportan desde hace meses el exceso de ruido que acarrean las medidas flexibles para la hostelería. «Nos va a permitir descansar, es positivo que se haya dado este paso, redunda en la mejora de la convivencia», agradece Rodríguez, una de las vecinas que se congregaron el martes frente a la sede del Gobierno regional para exigir el horario reducido. La calle de Ponzano, con 60 terrazas y uno de los puntos más molestos de la ciudad, preocupa. Hasta ahora, el cierre de los bares no ha impedido que los clientes alarguen la noche y provoquen el insomnio vecinal. «Ahí entra la voluntad de los empresarios y del Ayuntamiento por hacerla cumplir», recuerda Rodríguez, «queremos que haya Policía para despejar la calle». Los residentes de las zonas más problemáticas cabalgan entre la alegría y la cautela. «Yo no sé a qué hora se acuesta la gente, pero yo me levanto a las 6.30 horas y mi mujer a las 6 horas para ir al centro de salud; para mí, a las 23 horas es cuando empieza el horario nocturno», opina el presidente de la asociación Las Cavas-La Latina, Saturnino Vera. Con todo, considera el cierre a medianoche «respetuoso». «Las 00.00 horas para la gente que trabaja nos parece razonable», responde por su parte Juan Antonio Aguilera, de la asociación Goya Dalí, perteneciente al distrito de Salamanca. La guerra contra el ruido Centro, Salamanca y Chamberí son los distritos que concentran el mayor número de 'terrazas Covid', con 460, 432 y 428, respectivamente, según datos del 14 de mayo. El último, además, concentra el 30% de las concedidas en plazas de aparcamiento (400). Sus habitantes luchan contra la contaminación acústica de las terrazas desde hace años. El corazón de la ciudad es una Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE) y, desde 2011, las asociaciones negocian la misma denominación para Ponzano y Trafalgar. El informe municipal que ha desencadenado la decisión de reducir el horario de cierre, con fecha 30 de mayo, determina que el impacto es elevado: una conversación normal «conlleva la emisión de niveles sonoros superiores a 55 decibelios». Aunque la medida inmediata representa una mejoría, los afectados ya tienen la vista puesta en el horizonte. «Puesto que las terrazas estarán hasta el 31 de diciembre, que tengan horarios acordes hasta entonces», señala Rodríguez, «pero el Ayuntamiento tiene que eliminarlas, no puede ser que toda la calzada sea una terraza». Por su parte, el Consistorio ha puesto sobre la mesa la extensión de las 'terrazas Covid' a 2022 y, en este punto, no hay horario que compense. «S on una cosa excepcional para un momento excepcional, se pueden meter otras ayudas», dice Vera, testigo de cómo sus calles han sido invadidas por doquier, «no solo con terrazas, sino barriles y mesas en aceras muy estrechas y mesas adosadas a la fachada». Esta última disposición, recuerda, fue vetada por el Tribunal Supremo, en una sentencia que establece una distancia mínima de 1,80 metros entre mesa y fachada. Vera es tajante: «Se está incumpliendo la ordenanza de terrazas». La ocupación del espacio público es otra de las líneas rojas. «Cuando las terrazas mantienen estructuras permanentes, ya no es sacar unas mesas, un entorno liviano, es la ampliación del negocio, afecta a la habitabilidad del distrito y es un efecto estético con el que no estamos de acuerdo», comenta Aguilera. En Chamberí, con una amplia población mayor, Rodríguez lamenta que las ambulancias que vienen y van de los centros de mayores «tienen que hacer un enorme recorrido» para esquivar el sinfín de terrazas que plagan las bandas de aparcamiento. En un intento por conciliar quejas vecinales y ayudas a los hosteleros, el Ayuntamiento pretende negociar una nueva ordenanza de terrazas que regule esta batería de medidas excepcionales que podrían extenderse en 2022. A la espera de que se tomen más decisiones, Rodríguez es optimista: «Tenemos que confiar, es nuestra única arma, la presión vecinal surte efecto».

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