
Las palabras enfermedades emergentes, pandemia, bioseguridad y portadores asintomáticos se han hecho comunes entre nosotros en este 2020, debido a la desdicha de ser una especie afectada por un virus altamente contagioso. Pero, ¿qué me dirían si hablo del ranavirus y de quitridiomicosis? Estas dos enfermedades también denominadas emergentes, causadas por un virus (el virus de la rana tipo3) y dos especies de hongos quítridos altamente patógenos (Batrachochytrium dendrobatidis, Bd; y Batrachochytrium salamandrivorans, Bsal), han causado el declive poblacional de más de 500 especies y nos han arrebatado más de 90 especies en el silencio de los espacios naturales de todo el mundo, en los últimos 50 años. Estudios recientes indican que el origen de estas enfermedades es Asia, asumiendo que la expansión de estos patógenos se da desde dicho continente debido al comercio de animales. El descubrimiento de Bd se publicó en 1999 y, desde entonces, diversos equipos de investigación de todo el planeta tratan estas enfermedades en laboratorio de forma totalmente viable. Sin embargo, el hábitat donde aparecen estos patógenos queda afectado para siempre; aunque en contadas ocasiones y según las características de la zona afectada ha sido posible su erradicación. Cuando uno de estos quítridos entra en contacto con un ejemplar de una especie vulnerable, se instala en su piel, alimentándose de su queratina y creciendo para completar su ciclo biológico como todos los seres vivos. Al culminar su misión, las nuevas generaciones (en forma de zoosporas) atraviesan la piel del huésped, provocándole daños irreversibles y la muerte. Después de esto, las zoosporas (millones) esperan en el agua el paso de otro desdichado animal que le sirva de alimento. En la península ibérica Bd fue descrito por primera vez en 2001, tras provocar mortalidades masivas desde el año 1997 en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama; pero en la actualidad se encuentra altamente distribuido por la península, con un avance imparable, seguido de cerca por ranavirus. Bsal, de la misma familia que el anteriormente comentado, fue descrito en 2013 después de acabar casi con la totalidad de las poblaciones de salamandras de Países Bajos, Bélgica y una franja de Alemania; pero recientemente se descubrió el primer caso en España, localizado en el Parque del Montnegre y el Corredor, donde ha provocado mortalidades de urodelos (tritones y salamandras). Pero, ¿qué podemos hacer para detener su avance? Por ahora, y hasta no tener un tratamiento que impida eliminar estos patógenos del medio natural, lo que debemos hacer es guardar distancia con estos animales y no entrar en contacto con ellos; desinfectar todo el material que entre en contacto con el medio acuático, botas de agua, vadeadores, aparejos de pesca, embarcaciones…; y usar medidas de bioseguridad como guantes de nitrilo y gel hidroalcohólico, algo que hace 50 años era impensable que haríamos y que por desgracia ahora forma parte de nuestro día a día. Diciembre El otoño ha templado en su arranque y calado con buen son las dehesas y sierras que abriga. Ahora llega la recta final de estos doce meses de carrera, quizá con el sabor agrio por el año transcurrido y eso no se endulza ni con las castañas asadas de Guadalupe. Pero algo hemos podido cazar y de una manera u otra hemos visto a los amigos, aunque en la distancia. Mi caballo no entiende por qué a estas alturas de temporada aún no ha salido a patear estas sierras que siempre le alborotan. Y mis perros echan en falta lo de estar más agotados de lo corriente ahora que el año toca a su fin. Pero diciembre huele a leña en los cortijos y nos trae nieblas por las cuerdas. Sabe a amaneceres teñidos de blanco y siembras de cereal que enraízan con la escarcha. Quizá no habrá reuniones copiosas ni grandes festejos, pero diciembre nos recibirá con la ilusión de los niños que aguardan la Navidad.
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