domingo, 4 de julio de 2021

Real Sociedad para la Protección de las Aves

Con 1,1 millones de miembros y posiblemente casi tantas hectáreas en propiedad como el National Trust o la Corona, quizás sea la RSPB, Royal Society for the Protection of the Birds, una asociación fundada en 1889, la ONG conservacionista más importante de Gran Bretaña. A diferencia de las ONGs ambientales españolas, siempre ha mantenido una posición neutral frente a la caza y reconoce a la misma como una industria rural muy arraigada que, como todas las actividades, tiene defensores y detractores. Sin embargo, no ha dudado en levantar la voz cuando los intereses de conservación han estado amenazados. Tal es el caso de su lucha manifiesta contra la matanza ilegal de aves rapaces que a veces ha tenido lugar en los terrenos cinegéticos. Por ello ahora la RSPB está requiriendo de la Administración pública un mayor control de la modalidad de caza conocida como driven, que incluye las batidas organizadas a base de faisanes y perdices rojas, criados en cautividad y plantados luego en el campo, pues las cantidades estimadas de estas aves no nativas sueltas cada temporada –47 millones de faisanes y 10 millones de perdices– pueden llegar a alterar los equilibrios naturales, según han concluido ciertos estudios llevados a cabo por la propia organización, que ponen de manifiesto la influencia que estas aves ‘artificiales’ ejercen sobre la vegetación, las poblaciones de insectos, reptiles y otras fuentes alimenticias de las que se nutren las aves salvajes. En suma, lo que está pidiendo la RSPB es una práctica más sostenible de la caza. Lo hace desde el reconocimiento de la práctica cinegética como una actividad que resulta ser beneficiosa para otras especies no cazables. Así, los cultivos que se plantan para la caza, conocidos como game covers o game crops, facilitan comida y amparo a otras aves silvestres. Los setos y bosques manejados para la caza benefician a los insectos. El control legal de predadores llevado a cabo para proteger a perdices y faisanes favorece a poblaciones residuales de especies amenazadas, como el zarapito o el gallo lira. Esta ONG ha manifestado su determinación a trabajar con los cazadores para conseguir una gestión sostenible que beneficie a la economía rural, al clima y a la naturaleza en general. Contrasta esta actitud con la que mantienen las ONGs análogas de nuestro país, basada en la permanente confrontación con el mundo de la caza, aun cuando nuestros cotos privados constituyen el mejor reservorio de biodiversidad con que contamos en España. Confrontación con la que desafortunadamente se alinean con alta frecuencia las Administraciones públicas responsables.

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