
En cuanto el árbitro pitó el final, Leo Messi se dejó caer de rodillas visiblemente emocionado y unos minutos después fue abrazado y manteado por todos sus compañeros. Argentina había ganado la Copa América a Brasil con un solitario gol de Di Maria en el mítico Maracaná, un tanto que puso fin a una racha de 28 años sin títulos albicelestes. Mística y épica para encumbrar al rosarino, que por fin se desprendió de la vitola de ‘pecho frío’ con la que le menospreciaron en su país cada vez que la selección tropezó en un gran torneo. En ese momento de felicidad, a Messi dejó de dolerle el isquiotibial (disputó el final del partido con molestias) y por su mente desfilaron...
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