Un buen navegante, cuando ve una ola, de inmediato piensa por donde atacarla para planearla con el objetivo de sacarle el máximo provecho y rendimiento. Después del planeo, su cuerpo se estremece por la tensión, y la adrenalina focaliza sus cinco sentidos, convirtiéndolo en un fanático en busca de esa siguiente ola que haga multiplicar la velocidad del barco. En esta pesarosa pandemia el insinuante significado de las olas se ha visto teñido de una connotación negativa. Las cuatro olas que hemos vivido hasta ahora han pasado de evocar miedo y desorientación, a desasosiego y desconfianza. A nivel económico, por suerte la industria náutica no ha sido de las más afectadas. Después de superar la paralizante primera ola, el sector... Ver Más
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