
Ha sacado Mónica García una prosa, desde la espontaneidad, y un respeto desde el empeño. Se ahínca en ella el tópico de que la normalidad es una prosperidad, sobre todo dentro de una campaña donde voló el pregón de arponeros y la emboscada de embuste. A fuerza de insistirse de ciudadana «normal», ha edificado Mónica una candidata de anomalía, pero anomalía benéfica, por sentida y directa, ahí en lo alto de un panorama donde la política tiene parentesco con la verbena y la mentira es el ajuar del oficio. Ha sido la triunfadora de estos días, porque Ayuso ya había ganado antes de empezar. Arrancó negándose de novia de Pablo Iglesias para la lista de unidad de la izquierda, y ha...
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