martes, 20 de agosto de 2019

La Guardia Civil, en primera línea contra el fuego en Canarias

Desde el pasado sábado que se declaró el fuego en Valleseco José María García Córdoba, natural de Ciudad Rodrigo, Salamanca, capitán de la primera Compañía de la Guardia Civil dirige todo el despliegue basado en Santa María de Guía, en el norte grancanario, controla palmo a palmo un total de catorce municipios y todos en su órbita. El gran arraigo de la Guardia Civil en el norte grancanario ha permitido sacar a todos los afectados sin elevar el tono de voz con nadie. «Yo he estado en las 52 provincias españolas trabajando, pero la gente de aquí está hecha de una pasta especial, no sé qué, pero toda mi gente y la sociedad en general ha echado una gran mano sin pedirlo, nadie ha sido requerido», subraya orgulloso. Tiene familia en Barranco Hondo, Gáldar, una de las zonas donde el fuego ha estado atacando. Desde que sale del puesto del puesto en Marente hasta llegar a Tejeda pasan seis horas. En Agaete «Lo peor ha sido marcharse de sitios huyendo de las llamas con la gente y pensando si habremos dejado alguien atrás. Nos pasó un caso. Gente mayor en casas cuevas que no habrían las puertas de su casa, no se querían marchar, aquí más que autoridad es un tema de psicología». Admite que «es durísimo» tener que «decirle a gente muy mayor, gente que uno conoce, que en breve regresan a sus casas, las propiedades de toda la vida, sabiendo que quizás eso no pueda ocurrir en un largo tiempo, pero todo está solucionado», destaca García Córdoba. «Todo el mundo está en su sitio y, sin pedirlo, mucha gente en diversos sectores ha interrumpido sus vacaciones para atender al fuego. Yo mismo, no sé por qué, estaba el sábado en una comida familiar, ya me dije esto no me gusta nada y eso que era Valleseco, que existía margen de maniobra, pero estaba ya bastante descontrolado». El coche de García Córdoba antes de enfilar a Tamabada hace un alto en Agaete. Nada más ver el coche de la Guardia Civil, la gente se le echa encima y sale a su paso para pedir datos. El capitán manda detener aunque sabe que no tiene tiempo. «La gente precisa datos y saber qué tiene apoyo de las Fuerzas de Seguridad del Estado» Tras Agaete, se regresa al cruce de San Isidro «El Viejo» y encara Caideros desde la carretera de La Agazal, donde la ermita que data en los repartos de la Vega de Amagro en 1741 y desde 1890 de la familia Díaz de Aguilar es testigo con sus mayores sentados del trasiego de coches de emergencias que van a los milenarios Pinos de Gáldar. Mientras pasa delante de la ermita mira la cara de los mayores que están cerca sentados viendo la carrera de coches de emergencia. Parece que los mayores son los que dan el visto bueno. García Córdoba asiente con la cabeza cuando está llegando a Hoya de Pineda, apellido de los sevillanos que se instalaron en esa área rural con la Conquista y mira el móvi al tiempo que saluda a Leoclaudio García, conductor de guaguas, que reporta. «Todo bien», le dice el chófer. El capitán no va Barranco Hondo «allí está todo bien». Se detiene en Saucillo a hablar con los agentes del Seprona. «Han recuperado cientos de animales, algunos de ellos fueron dejados atados por sus propietarios. Es normal. La gente tiene apego a su tierra o las prisas». En el coche apenas habla porque y no permite el uso del volumen alto en el móvil. El trasiego de mensajes por las emisoras es clave para atender cualquier petición de emergencia. García Córdoba habla sin darse importancia; pero hasta este martes habría dormido como cuatro horas desde el sábado pasado. «Todavía no podemos parar», apostilla García Córdoba.

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