viernes, 30 de agosto de 2019

El Aquarius, propaganda total con 600 medios acreditados

La llegada a Valencia del Aquarius el 18 de junio del año pasado resultó un espectáculo mediático total, núcleo de una campaña propagandística pensada para que el nombre del recién investido Pedro Sánchez diera la vuelta al mundo, asociado para siempre a la beatífica solidaridad. Igual que Jose Luís Rodríguez Zapatero quiso convertirse en figura planetaria de la paz cuando anunció nada más pisar La Moncloa en 2004 la retirada de las tropas de Irak. Salvando las distancias, el spot inaugural de Sánchez se tradujo sobre el terreno en una cobertura de más de 600 medios de comunicación, la mayoría de ellos televisiones, que desde la noche anterior a la fecha del desembarco aguardaron pacientes y luego desesperados a ser conducidos en autobuses al retirado escenario del milagro: un set de prensa a casi un kilómetro del punto de atraque. Desde allí tuvieron que recurrir a potentes teleobjetivos para captar imágenes aceptables de la subida al barco del personal sanitario ataviado con los trajes blancos del ébola y la bajada después de los inmigrantes, que al instante se perdían entre carpas fuera del alcance de ninguna cámara. Nada más. Está documentado que la intención inicial del Gobierno habría sido montar un gran recepción en el glamouroso escenario donde se celebró la Copa América para dar relumbrón a la efeméride. Pero imperó el sentido común y el Aquarius tocó tierra en un muy discreto muelle, abierto, sí, a las miradas de la prensa internacional, pero que garantizaba a la misma vez la intimidad del pasaje. Y no hubo discursos, ni declaraciones, ni fotos de políticos, léase ministros o cargos de la Generalitat, aunque trascendió que el de Fomento, el valenciano José Luis Ábalos, estuvo por allí, aunque nadie le vio. No se cayó en una tentación que hubiera resultado imperdonable.

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