En casa, con más jugadores en el cuadro que en ningún otro torneo y con el respaldo del público, cabría esperar que el rendimiento del tenis español fuera mejor que en otras pistas. Sin embargo, aunque la lógica invite a pensar eso, los datos muestran otra realidad. Desde que el Mutua Madrid Open se trasladó a la tierra batida de la Caja Mágica en 2009, se ha convertido en el Masters 1.000 de arcilla donde peores resultados firma la 'Armada'. Desde 2009 hasta 2026, el tenis español presenta un 60,69% de victorias en Montecarlo y un 58,04% en Roma, cifras que caen hasta el 53,30% en Madrid. La diferencia no solo se aprecia en los partidos ganados, sino también en el recorrido dentro del torneo. En Montecarlo, los españoles han alcanzado 14 veces la final (8 títulos), en Roma han hecho 11 finales (8 títulos) y en Madrid 9 finales (6 títulos). Esta tendencia se refleja en el caso particular de Rafael Nadal. Para el manacorense la pista de la Caja Mágica no fue la más prolífica de su carrera. Desde que el torneo madrileño se empezó a disputar sobre tierra batida, el balear levantó cuatro títulos en la capital española, lejos de los siete que conquistó tanto en Montecarlo como en Roma en ese mismo periodo de tiempo. El porqué de esta diferencia tiene varias explicaciones. La principal está en las condiciones de juego. «La fundamental es la altitud», explica Álvaro Benito, periodista especializado en tenis, que también apunta a otros factores como la presión de jugar en casa o la posición del torneo en el calendario. Esa altitud, de más de 600 metros sobre el nivel del mar, cambia por completo el comportamiento de la pelota y acerca el juego a condiciones menos habituales en tierra batida. «En Madrid, con la altura, el juego es más rápido y se ven más sorpresas. Favorece más a jugadores de tiros directos que al perfil clásico español», señala Pablo Andújar, ex número 32 del mundo, que contrasta esas condiciones con las de Montecarlo o Roma, donde la humedad y el peso de la bola alargan los intercambios. A ese contexto se suma también la propia sensación en pista. «Tienes incluso una sensación más cercana a indoor», apunta Daniel Gimeno Traver, ex número 48 del mundo y entrenador de Roberto Bautista, en referencia a las características de la Caja Mágica. Un conjunto de factores que aleja a Madrid de la tierra batida tradicional y explica por qué el rendimiento del tenis español se resiente precisamente en el torneo que juega en casa. El menor rendimiento del tenis español en Madrid no solo se refleja en el porcentaje de victorias o en las rondas alcanzadas. También aparece en los partidos de mayor exigencia, los que se disputan ante los mejores jugadores del mundo. En la Caja Mágica, los españoles han firmado 23 victorias ante jugadores del top 10 desde 2009, una cifra igual a las 23 logradas en el torneo de Montecarlo y similar a las 25 del torneo de Roma, pero en más encuentros disputados. La diferencia es aún más evidente frente a números uno, donde Madrid vuelve a quedar por detrás. Los ejemplos ayudan a entenderlo. En la capital española destacan triunfos como el de Carlos Alcaraz ante Novak Djokovic en las semifinales de 2022 o la victoria de Rafael Nadal frente a Roger Federer en la final de 2010. Sin embargo, es en Montecarlo y Roma donde se concentran los grandes golpes del tenis español ante la élite. Ahí aparecen triunfos como los de Nadal sobre Djokovic en las finales de 2012, 2019 y 2021 en Roma y la final de 2012 en Montecarlo; la victoria de Carlos Alcaraz en la final de Roma la temporada pasada contra Jannik Sinner, cuando el italiano era número uno; o las sorpresas en Montecarlo de jugadores como Albert Ramos en 2017 contra Andy Murray o Alejandro Davidovich contra Djokovic en la segunda ronda en 2022. Este patrón refuerza la idea de que Madrid no solo reduce el rendimiento medio, sino que también limita el impacto de los españoles ante los mejores. Si hay un momento en el que se mide el carácter competitivo de un jugador es en los partidos que se deciden en el tercer set. Y es ahí, en los partidos más igualados, donde en Madrid nuevamente los jugadores españoles llevan peor esos momentos de presión. A pesar de que los españoles disputan más partidos a tres sets en la capital española que en Montecarlo o Roma, su rendimiento es claramente inferior. El balance en el set decisivo cae hasta el 52,59% de victorias en el Mutua Madrid Open, muy lejos del 64,77% que registran en la tierra del Principado y del 60,49% en la arcilla del Foro Itálico. Pero la diferencia no está solo en el dato, sino en lo que representa. Madrid es el torneo donde más partidos se alargan, pero también donde peor se gestionan. Los jugadores españoles no solo se ven obligados a competir más tiempo, sino que, cuando el partido entra en su fase más igualada, pierden más de lo que ganan. Esto se traduce en menos remontadas, menos capacidad para cerrar partidos y una menor eficacia en los momentos decisivos. En un contexto donde cada punto pesa más, el margen de error se reduce y Madrid penaliza más que ningún otro escenario de la gira de tierra batida. Una de las claves para entender por qué se llega con mayor frecuencia a esos desenlaces ajustados está en las propias condiciones de juego. Según explica Gimeno Traver, en Madrid cuesta más romper el saque porque el juego es más directo y cuesta más defender al resto. Esto produce que haya más 'tie-breaks' que generan que las probabilidades de llegar al tercer set aumenten. Más difícil es encontrar una única explicación al peor rendimiento español en el set definitivo. Para Álvaro Benito, el factor emocional puede ser determinante porque la presión de jugar en casa pesa en los instantes clave. Sin embargo, tanto Pablo Andújar como el propio Gimeno Traver restan importancia a ese aspecto y consideran que no hay una causa clara detrás de esa estadística. A pesar de la tendencia general, Madrid no castiga a todos por igual. Hay jugadores españoles que han sabido adaptarse mejor a las condiciones de la Caja Mágica y han encontrado en la altitud madrileña un contexto favorable para obtener algunos de sus mejores resultados en la gira de tierra batida. Nombres como Daniel Gimeno Traver, Feliciano López o Nicolás Almagro consiguieron a lo largo de sus carreras un mejor balance de victorias y participaciones más profundas en el Mutua Madrid Open que en otros torneos de la gira. En otros casos, como los de Roberto Bautista o Pablo Andújar, aunque su porcentaje de triunfos sea mayor en Montecarlo, su mejor resultado en un Masters 1.000 sobre tierra llegó en Madrid, donde ambos alcanzaron las semifinales (Andújar en 2013 y Bautista en 2014). La explicación vuelve a estar en la adaptación al entorno. «La altura me iba muy bien, la pelota bota más y tanto el saque como la derecha me ayudaban mucho», recuerda Daniel Gimeno Traver, que también destaca el factor emocional de jugar en casa con el apoyo del público y la motivación extra de competir en un Masters 1.000 en España. En esa misma línea se sitúa Pablo Andújar, que encontró en Madrid un escenario favorable para su tenis. «La altura ayudaba a mi juego. Yo no tenía tanta potencia, pero tenía más control de bola y la altura de Madrid hacía que mi pelota hiciera más daño que a nivel del mar», explica el conquense. En este sentido, se puede observar cómo Madrid premia a perfiles muy concretos. Jugadores con un saque dominante, golpes potentes y un juego más directo, así como aquellos con gran control de la pelota, encuentran en la Caja Mágica ventajas que el jugador español promedio, más acostumbrado a construir puntos y a defender, no tiene. La gran pregunta es si esta tendencia puede revertirse en los próximos años o si Madrid seguirá siendo la peor cita para los españoles en los grandes torneos dentro de la gira de tierra batida. En ese contexto evidentemente tiene mucho que decir Carlos Alcaraz. El murciano, en su corta trayectoria, ya se ha proclamado campeón en los tres torneos (una vez en Montecarlo, dos en Madrid y una en Roma). Su estilo agresivo y versátil encaja con las condiciones de Madrid. Su éxito en la Caja Mágica confirma que el torneo premia su perfil, que disfruta en todo tipo de superficies, y que es distinto al tradicional de los jugadores españoles. Pero esto no se trata solo de una individualidad como Carlos Alcaraz. El tenis español ha iniciado una transición. El modelo clásico de especialista en tierra batida ha dado paso a un perfil mucho más completo. «Ahora no existen jugadores de tierra o de pista rápida, todos tienen que ser competitivos en cualquier superficie», explica Pablo Andújar. Un cambio marcado también por la evolución del circuito, donde las pistas se han homogeneizado y el juego exige cada vez menos margen de error. Por detrás, la nueva generación ya se ha dado a conocer en este inicio de temporada. Rafa Jódar, campeón en el ATP 250 de Marrakech, semifinalista en el Godó y cuartofinalista en su primera participación en Madrid y Roma; o Martín Landaluce, cuartofinalista en el Masters 1.000 de Miami y en Roma, representan ese relevo. «Tienen potencial para estar arriba», apunta Álvaro Benito, aunque matiza que el reto no está en los golpes, sino en la gestión de los momentos clave: «La diferencia entre un top 10 y un top 30 es mental. Es saber ejecutar en los puntos importantes». El desafío del tenis español no pasa solo por encontrar otro talento generacional, algo prácticamente irrepetible tras Nadal o Alcaraz, sino por reconstruir una clase media competitiva. Jugadores capaces de asentarse entre los mejores y sostener el nivel en torneos como Madrid.
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