domingo, 17 de mayo de 2026

Qué aburrido es ganar cuando no importa nada

Estos partidos cuando la competición está decidida, todo el mundo tendría que preguntarse si tiene algún sentido que se jueguen. No le importan a nadie. No adulteran la competición porque todo el mundo sabe que el único ánimo es el mero trámite. El resultado no importa a los jugadores que ya han celebrado el título y tienen que jugar el Mundial. Existe una jerarquía y esta jerarquía afecta a los que mandan en relación a los que lo necesitan. No tiene ningún sentido hacer ver que competimos en lo que no competimos. No tiene ninguna seriedad hacer ver que estamos por lo que no estamos. Tanto el entrenador como los jugadores merecen unas vacaciones largas, o por lo menos más largas de lo que impone este calendario absurdo, especialmente cuando la balanza ya está decantada. Raphinha intentó algunas jugadas de mérito personal pero murieron en la orilla, hasta que marcó de falta, recordando a Messi. Partido tremendamente aburrido, sin ninguna intención, con los dos equipos haciendo ver que hacían lo que no hacían y en el fondo no hacían nada. No sería descabellado que se suspendiera la competición cuando alguien la gana y pudiéramos en general dedicarnos a descansar o a contemplar los partidos de los equipos de categorías inferiores que tienen algo serio que jugarse. Segunda parte igual que la primera, sin tensión, sin competencia, con el balón de aquí para allá, con ocasiones más o menos -menos, de hecho- de un equipo y del otro, pero sin significancia especial por ninguna de las dos partes. Qué triste es el fútbol cuando a nadie le importa el resultado. Que deprimente ser ir y venir de las jugadas sin abismo histórico. Sin Fermín el Barça pierde mucha competitividad. Flick se cabreó enormemente con la falta de conexión de Koundé en un lance del juego. Pero Bellerín decidió hacerle un regalo a Raphinha y éste no lo desaprovechó para marcar el segundo. Pocos minutos más tarde, Isco marcó el 1 a 2, en uno de esos penaltis que sólo ve el VAR, y aún así cuesta mucho entender por qué se pitaron. Flick continuaba incomprensiblemente motivado en la banda, azuzando a sus jugadores como si todavía creyera que había algo en juego esta temporada. Los alemanes son siempre alemanes, y es difícil entenderse con ellos en los matices, en la empatía, y en lo que no tiene importancia. Cancelo en el 74 marcó el tercero para evadir cualquier duda sobre el resultado. Lewandowski fue sustituido y se despidió en su último partido con el Barça. Emociones de un instante. Qué aburrido es ganar cuando no importa nada.

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