jueves, 7 de mayo de 2026

El Rayo truena en Europa y jugará la primera final de su historia

El Rayo, un equipo del barrio madrileño de Vallecas, cumplirá 102 años el próximo 29 de mayo y este jueves se hizo el mejor de los regalos posibles: ganó al Estrasburgo en Francia, hizo bueno el triunfo que ya había conseguido en la ida de la semifinal de la Conference League y el próximo 27 de mayo jugará en Leipzig la primera final europea de su centenaria historia. El Crystal Palace espera al que ya es decimotercer finalista español en un torneo continental. El barrio te enseña a sobreponerte a las adversidades con naturalidad. Si durante el calentamiento previo al partido se lesiona uno de tus más peligrosos hombres de ataque, Ilias Akhomach, de nada vale lamentarse. Lo sientes por él, le animas en lo posible y en su lugar colocas otra pieza de garantías, el Pacha Espino. Es esa actitud vital la que te permite digerir los contratiempos con la entereza suficiente como para afrontar la cita más importante de la historia con poderío. Así, el Rayo se adueñó del balón y del partido desde el pitido inicial. Y jugó al fútbol como sabe. Ajustada y atenta la defensa, los centrocampistas conectaron, combinaron y en un visto y no visto Alemao estuvo a punto de repetir el bendito lance con el que liquidó a los franceses en la ida. El 9 brasileño se plantó en el área y se elevó sobre los contrarios galos para conectar un buen cabezazo. El remate halló la espectacular respuesta de Prenders, cancerbero local, y la ocasión acabó en saque de esquina. Las lecciones que aprendes en el barrio te enseñan a respetar siempre al rival, pero a no temerle nunca. De ahí que cumplido el cuarto de hora, cuando aparecieron en uno de los fondos los numerosos y más radicales aficionados azules, los vallecanos ni se inmutaron. El Estrasburgo es uno de esos clubes, cada día más numerosos, pertenecientes a una multipropiedad. Es decir, sus dueños poseen varios equipos en diferentes países. En el caso del conjunto francés, la cabeza del conglomerado que manda es el poderoso Chelsea, uno de los históricos de la millonaria Premier inglesa. Contra ese nuevo concepto balompédico mundial protestaron los más bullangueros seguidores azules. Hicieron una huelga de 15 minutos reivindicando sus raíces y cuando volvieron a su cemento habitual en el estadio de Le Meinau lo hicieron con ganas. Aplausos, bolas de papel, ruido, bengalas y el consiguiente humo, mucho humo, provocado por estas. Nada de eso distrajo al solvente once español. Íñigo Pérez ha diseñado un entramado solvente, por algo es pretendido por varios grandes clubes y por eso, salvo sorpresa, volará lejos del barrio. Su Rayo es una banda sinfónica donde cada uno sabe muy bien qué notas interpretar. Unai, De Frutos e Isi, escoltados por Pacha, dominaron de cabo a rabo el escenario. Dibujaron aproximaciones cada vez más prometedoras al área rival, tuvieron un par de ocasiones claras y cuando el primer tiempo desfilaba hacia el descanso apareció otra vez Alemao. El brasileño es un delantero centro a la antigua usanza y, quizás como tributo a la reivindicación de esos hinchas galos ubicado en el fondo donde atacaba el Rayo, ejerció como tal. Su repertorio es tan viejo como el fútbol: recibe la pelota de espaldas y la protege con su poderío físico, cabecea con potencia y suele estar colocado donde debe. Gracias a esta última virtud obtuvo la recompensa en el 42, uno de esos minutos también tradicionalmente «psicológicos». Supo atender al rechace del portero y remató sin oposición el 0-1. En la siguiente jugada, tras el saque de centro, el que surgió providencial fue otro de los pilares de este Rayo: Batalla. El portero argentino supo hacerse grande para taponar una clara llegada en solitario de Doué, y con ello posibilitó un plácido e ideal intermedio para los vallecanos. Quien más quien menos esperaba una salida en tromba, o encorajinada como mínimo, del Estrasburgo. Porque los franceses necesitaban dos goles para igualar la eliminatoria. Nada de eso. El Rayo siguió siendo amo y señor. En juego y en oportunidades claras de gol. Isi y De Frutos tuvieron la sentencia en sus botas, pero la falta de puntería y las manos de Penders lo evitaron. Llegó el tramo decisivo de la noche. El tramo decisivo de su vida para el Rayo Vallecano. La última media hora fue eléctrica. Mientras el Estrasburgo pudo enhebrar al fin un puñado de jugadas realmente peligrosas, su rival español no bajó los brazos. Ni mucho menos. Camello, que había entrado por Alemao, tuvo un par de claras ocasiones, pero se topó otra vez con el joven guardameta belga. Pero para guardameta, Batalla, quien en el suspiro final detuvo un penalti y el posterior remate en la misma jugada. Los porteros argentinos de barrio son así.

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