El hombre indicado para recuperar al Madrid de su anemia competitiva es Mourinho, que cerraría el círculo florentino, esa época gloriosa a la que ni siquiera se acerca ninguno de esos grandes clubes-Estado, con sus petrodólares por castigo y sus entrenadores modernos («los cornudos del viejo arte moderno», que decía Dalí), tipo Pep de Sampedor , Xabi de Tolosa o Jurgen de Stuttgart, ¡la Nouvelle Vague balompédica!, y sus futbolines de autor, con las ranas prisaicas cantando al plano lento (fútbol limpiaparabrisas) en 'As' y 'Marca', sus 'Cahiers du Cinéma'. –Escucho a la gente comparar a Guardiola con Ferguson y sonrío, porque para mí no es la misma historia. Para mí es simple: uno hizo historia. El otro hace triángulos. Ferguson construyó dinastías en diferentes generaciones, diferentes estilos, diferentes desafíos. Guardiola, entrenador fantástico y fútbol hermoso, sí, pero siempre en las condiciones perfectas, la estructura perfecta, la orquesta perfecta y afinada para él. Ferguson crea la orquesta. Pep la dirige. He ahí la gran diferencia. Esto tiene dicho Mourinho de Ferguson. –La gente habla mucho hoy de táctica: entrenadores más detallistas, equipos más estructurados… Pero al final del día, el fútbol siempre se reduce a los jugadores y su mentalidad. En el United nos enfocamos a construir ganadores, y eso no trata sólo de habilidad, sino de carácter, de cómo los jugadores manejan la presión y de cómo responden en lo malo. El mejor sistema del mundo, si los jugadores no tienen fe o personalidad, no durará. En la mayoría de los partidos la táctica no nos dio la victoria: era la actitud, la negativa a perder, la disposición a asumir la responsabilidad en los momentos decisivos. Eso no siempre se puede enseñar, pero se puede incorporar a la cultura de un club. Por eso no importa cuánto cambie el fútbol: las cosas importantes han de permanecer igual. Los jugadores ganan partidos y la mentalidad gana trofeos. Eso es todo. Y esto tiene dicho Ferguson hablando de Mourinho. Pero el pipero elegante habla de Klopp con la misma unción que el progre pipero de los 70 (los que pelaban pipas en el 'Avión Club' de la calle de Hermosilla) hablaba de Truffaut, y todo porque en los 'Cahiers du Cinéma' Truffaut se engorilaba contra el 'cinéma de qualité' (el cine de toda la vida) en tanto que cine de guionistas más que de realizadores. La pretendida 'Nouvelle Vague' del balón se ha apropiado del fútbol ofensivo, pero, década y media más tarde, en España el récord de goles sigue siendo de Mourinho. Ahora quieren incluir a Luis Enrique en la 'Nouvelle Vague' porque ya habla francés (se las echa de 'boulevardier' como aquel español residente en París que vino a Madrid y al salirle al paso en Sol un galgo, gritó a un guardia: «Sergent, sergent, separé de muá ese perrit!») y porque le metió cinco al Bayern, que a su vez le metió cuatro al PSG. Un 5-4 en París tiene a los medios gritando «¡El Partido del Siglo!», cuando no hace tanto un 4-3 en Múnich no dio mediáticamente ni para partido de la semana, lo cual indica que no son los goles, sino sus beneficiarios, lo que cuenta. Con Courtois y sin Mbappé, el Madrid estaría hoy en la final del Puskas Arena de Budapest, pues lo que acreditaron Bayern y PSG en El Partido del Siglo fue una insolvencia defensiva propia del fútbol femenino, incluidos dos porteros obcecados en la disputa del premio Loris Karius. Dicen que el reto de Mourinho en el Madrid es hacer correr a Mbappé, cuya situación tras el hundimiento del Madrid es como la de Bertrand Russell tras el hundimiento del 'Lusitania', cuando llegó la violencia, «como si se creyera que yo era responsable del desastre». En la iglesia de la Hermandad de Southgate Road fue asaltado por una multitud borracha, y «los más feroces eran las viragos, armadas con tablas de madera llenas de clavos oxidados». Una pacifista pidió que lo defendieran a los policías, que se encogieron de hombros. «Es un filósofo», les dijo. Nada. «Es famoso». Nada. «Pero es hermano de un conde». Los policías acudieron en su ayuda como leones.
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