domingo, 28 de octubre de 2018

En busca de la resurrección

En este Real Madrid el panorama, para qué crear sueños irredentos, es desolador El Camp Nou no es el lugar más cómodo para buscar, o encontrar, o lograr, la Resurrección. Tampoco es para tanto. El Madrid se tambalea, pero todavía aguanta sobre la lona. Entre los golpes que ha recibido del contrario y los que él mismo se ha provocado, una sombra, un errabundo parece. Llega a Barcelona con todas las sentencias firmadas. Si el fútbol fuera una implacable lógica cartesiana, las apuestas que dieran al Madrid ganador se dispararían, pero el fútbol es un juego, una pasión, un lujo y, a menudo, un despropósito. Esta tarde de domingo, Lopetegui, y alguno más, apura las diez de últimas. Cuidado, porque para el Madrid enfrentarse a un Barça sin Messi es más complicado. Ya podríamos leer los titulares del lunes en alguna portada: «Ni sin Messi». Doble riesgo, pues. Además, sin Messi el Barça, sonará raro, es más equipo. Dependen todos de todos y no todos de uno. En el Madrid el panorama (para qué crear sueños irredentos) es desolador. La condescendencia de algunos que escriben con Benzema sería conmovedora si no fuera patética, por ejemplo. Pero hay otros casos. ¿Cuál de todos los Marcelo estará en el Camp Nou? Pero tranquilos porque ahora la solución es Isco (ya se vio el martes frente a los checos). El vestuario, dicen, protege a Lopetegui. Lopetegui, claro, protege al vestuario. ¿Quién protege a los aficionados que son la clave para que, futbolísticamente, existan los Lopeteguis y los vestuarios? Salgan de la burbuja. Uno espera que los once que salten al terreno de juego sean conscientes de que lo que tienen, hoy más que nunca, es el Barça, una responsabilidad mutiplicada. ¿Y la lotería de Bale? Si uno piensa, al repasar los partidos anteriores, que el ataque del Madrid está en manos, o en la botas, o en las cabezas de Benzema y Bale, no por su trayectoria, sino por lo más inmediato, sí, las apuestas se disparan, pero ya sabemos en qué dirección. Ojalá, ojalá, ojalá, tres, mil veces, llegue, aquí en Barcelona, la Resurrección. Porque si no esto será algo más que un horizonte de penumbras.

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