De nuevo Godín, otra vez un gol de furor y una nueva victoria del Atlético con cierto vacío de contenido. Después del torrente de goles en Vitoria, el equipo de Simeone despachó una noche insípida, sin el ardor guerrero que caracteriza a este grupo, pero con un triunfo que lo mantiene segundo. Una de las principales cualidades que se requiere de un líder de grupo consiste en mantener la motivación y la estimulación para animar e interesar cuando el efecto o la consecuencia de un hecho ya se antojan escritos. Más allá de representar a un escudo con honor, al equipo colchonero le cuesta asumir ese vacío de contenido que dejaron tras de sí la Champions y Cristiano. Aunque no conocía el resultado del Barcelona, el Atlético se movió chato, como aplanado por las circunstancias. Después del KO en Turín, el Atlético no había regresado a su estadio del distrito de Ciudad Lineal. Y la temperatura del recibimiento lo transportó hacia un paisaje ignorado. El silencio. Medio mudo el Wanda por la protesta del fondo sur, donde los hinchas más exacerbados, bajo el epígrafe «Respetad a vuestra afición». El Atlético se ha acostumbrado a un determinado eco. Empieza la tonadilla desde el fondo sur y responde toda la grada al impulso de las emociones. Pero no había mucha agitación en el ánimo colchonero. No se palpaba tensión ni ninguno de esos intangibles que hacen del fútbol lo que es. Un estadio cicunspecto en la primera mitad ante el Girona, con la única salvedad de Simeone, siempre en su papel de director de orquesta. Doumbia cabeceó más solo que la una en el minuto dos y Oblak replicó con la estirada de costumbre. Es un portero que siempre, o casi siempre, ataja el balón. No da segunda opción. Lo grapa, lo embolsa y lo conserva. Saúl se sacudió el año gris que arrastra con una cadena de penetraciones por la izquierda. Griezmann buscó entre líneas lucidez en el juego. Koke chutó desde muy lejos al larguero. Y Morata casi marca un gol de fábula en un pase profundo de Giménez. El Girona echó de menos a Stuani, no encontró la forma de conectar con Portu y trató de gestionar un fútbol aseado de combinación frente a la presión sin demasiada consistencia del Atlético. Impaciencia Sin nada especial o reseñable que consignar, el partido derivó en una sosería. Son conocidas las dificultades del Atlético para elaborar con algo de finura y clarividencia frente a defensas ordenadas. Prefiere la avalancha y el empuje de la segunda jugada. Durante muchos minutos no sucedió nada y la impaciencia cundió en la grada. Superado el minuto 70, algún silbido se escuchó proveniente de un público que, incondicional sí, pero también cansado del menú de tantas tardes. Frente al atasco general, Simeone añadió delanteros o al menos jugadores de ataque al duelo. Correa y Vitolo aportaron alguna diferencia al fútbol plano en ataque de un equipo muy espeso. El arrebato de furia llegó al final, quince minutos para la conclusión, el Atlético en el callejón sin salida, ofuscado, el Girona encajonado. Vitolo y Morata se aproximaron al gol. Y fue Godín, sintomático una vez más, el que deshizo el entuerto con un gol de autor. El tiro de Vitolo, el rechace de Griezmann y el cabezazo del uruguayo. El VAR favoreció esta vez al Atlético, puesto que no había el fuera de juego que decretó el árbitro. En un contragolpe Griezmann despejó su casillero e hizo el segundo.De Deportes https://ift.tt/2HRZr9T






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