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El Govern de Cataluña, que se llama a sí mismo 'Generalitat republicana', negociará hoy, en la décima reunión de la Comisión Bilateral Generalitat-Estado, que se celebra en Madrid, 56 nuevos traspasos y los recursos económicos y humanos correspondientes con la intención de acumular más competencias, a cambio de nada, y sin que estén previstos informes de eficiencia administrativa. Laura Vilagrà (ERC), consejera catalana de la Presidencia, defendió las reivindicaciones de los grupos independentistas señalando que estos traspasos «los queremos todos y los queremos ya». Entre las exigencias del Govern catalán están la gestión del aeropuerto Josep Tarradellas Barcelona-El Prat; que los Mossos d'Esquadra se encarguen de la protección de la naturaleza, en sustitución de la Guardia Civil; funciones ejecutivas para el Servicio Catalán de Tráfico sobre circulación de vehículos y seguridad vial; la seguridad del aeropuerto de Alguaire (Lérida) y que los Mossos se conviertan en policía ordinaria del puerto de Palamós (Gerona). Igualmente, la Generalitat quiere que Protección Civil se encargue de las competencias de seguridad nuclear y otras «funciones residuales» que todavía le quedan a la Administración General del Estado, según figura en la lista de exigencias del Govern, informa Ep. Hoy la Generalitat también reclamará al Gobierno que la Autoridad Catalana de Protección de Datos asuma las funciones de registro y autoridad de control en datos personales de ficheros privados y poder ejercer funciones de ordenación y gestión del litoral, así como de las dársenas deportivas y pesqueras, de los puertos de interés general y de los aeropuertos. Y en el ámbito de la educación, pedirá gestionar las becas, créditos y ayudas a estudios universitarios y no universitarios, y las competencias en materia de investigación, desarrollo e innovación. Una reivindicación clásica del nacionalismo es que el Ejecutivo central cumpla con la Disposición Adicional Tercera del Estatuto, que hace referencia a las inversiones del Estado en Cataluña -en porcentaje al peso del PIB nacional-, pero que el Tribunal Constitucional declaró que no es de obligado cumplimiento para el Ejecutivo. Sin embargo, la delegación catalana exigirá su cumplimiento, así como más inversión para la ley de Dependencia, en Cercanías -una competencia que, a su vez, los comunes negocian para que se traspase completamente- y en Mossos. Y así hasta 56 medidas, entre las que también destacan que la Junta de Tributos de Cataluña asuma más competencias y funciones y servicios relativos a la delegación de competencias del impuesto especial sobre medios de transporte. A la Comisión Bilateral, que no se reunía desde el 1 de agosto de 2018, acudirá la ministra de Política Territorial, Isabel Rodríguez, la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera, el vicepresidente catalán, Jordi Puigneró, la citada Vilagrà y, entre otros, el consejero de Economía y Hacienda, Jaume Giró.
El último sol de julio rayaba el césped del feudo atlético. Un acomodador acalorado (Mauro) pedía respeto hacia las medidas sanitarias utilizando una mezcla de ruegos y desplantes. Tres pantallas coronaban el escenario y de allí, de la bocana lateral en el Fondo Sur, salió Izal. Empezó la música con ‘Meiuqèr’, single que acaban de lanzar como primer adelanto de su nuevo disco. Sobre un piano sencillo, Mikel Izal se presenta con un tema ligero, emocional y muy vocal en el que toca el ukelele mientras los instrumentos entran gradualmente. Siguieron con ‘Autoterapia’, que se ha convertido en todo un eslogan comercial. La canción potencia la energía después de la balada inicial -hay que ser valiente para empezar con una canción lenta un concierto en un estadio - acercándose a un sonido de rock más progresivo. En ‘Copacabana’ se levantaron los rebeldes y empezaron a saltar al ritmo de un rock más comedido, lo que casi le provoca una crisis nerviosa al pobre Mauro. ¡Cómo han cambiado las cosas en año y medio! Me llamaron la atención la cantidad de canciones que usaban un ritmo ternario. Llamamos ternario al ritmo que tiene un golpe fuerte cada tres pulsos. No es mejor ni peor; es un color más en la paleta del compositor, aunque sí es cierto que en el mundo moderno (reggaeton/trap/pop), manda el ritmo binario (de dos o cuatro golpes). Interesante. Siguieron con ‘Los seres que me llenan’, una canción fantástica que va de un tibio rasgueo de guitarra hasta un climax final en el que, aunque no lo parece, la batería es rey. Después, ‘Arte moderno’ y vuelta a la balada. Mikel Izal es buen cantante, se maneja en varios registros y tiene carisma para liderar un concierto en el Wanda Metropolitano. Una posible crítica (o piropo) sería que suena siempre igual. Luego llegó su gran hit, ‘Pequeña gran revolución’, y se proyectó a la cantante Rozalén en la pantalla. Su colaboración grabada puso el contrapeso a una de las melodías más brillantes del grupo. El público, agradecido, la cantó entera junto a sus ídolos. Antes del final aparecerían también, en las pantallas, Zahara, Mäbu y Miguel Ríos. Llegamos al ecuador de la noche con ‘Tu continente’, ejemplo de manual de lo que significa el sonido indie: guitarras finas, sutiles efectos vocales en la producción y una sección rítmica constante y con mucho ‘punch’. El gran problema de tocar en un estadio es llenar el espacio. En un Wanda Metropolitano al 25% de aforo hay demasiado vacío y un quinteto de indie-rock, por buenos que sean, no pueden llenarlo. Es una cuestión de números, no de técnica. En la grada alta la voz no se entiende, el bajo apenas se siente y las guitarras no se escuchan. Estas limitaciones insalvables pudieron apreciarse en todo el concierto, pero especialmente en canciones como ‘Despedida’. Se notó menos en las baladas, lógico, ya que el público se calla cuando la canción tiene menos energía y hay menos barullo. En resumen: el Wanda es para jugar balompié, no para cantar indie. También brilló ‘Qué bien’, otro de los éxitos del quinteto. Su estribillo engancha desde la primera escucha y la banda, Alejandro Jordá (batería y percusión), Emanuel Pérez ‘Gato’ (bajo), Alberto Pérez (guitarras) e Iván Mella (teclados), acompañan muy bien al homónimo cantante. El concierto, enmarcado dentro del ciclo ‘Las noches de Río Babel’ fue un éxito: dos horas de buena música que concluyeron con ‘Pausa, una balada en trance. Tras la contienda, se respiraba en los aledaños el aroma de las remontadas.
El Real Madrid no cobrará la cuota de abono a los socios de la temporada 2021-2022 hasta conocer cómo y cuándo se producirá el retorno de los espectadores al fútbol y en especial al Bernabéu. Son más de 60.000 los abonados de la entidad. Será la Comunidad Autónoma de Madrid la que dictaminará en su momento el porcentaje de público que podrá acudir a los campos. Javier Tebas hablaba ayer de un promedio de asistencia del 70 por ciento de los aforos a partir del 13 de agosto, pro eso dependerá de cada territorio y es pronto para precisar cifras con la quinta ola de la pandemia en activo. El club blanco especifica que ante la incertidumbre provocada por el coronavirus, que afecta a la capacidad de espectadores que podrán entrar a los partidos, lo justo es no cobrar los abonos por segundo año consecutivo, hasta que la luz verde a la asistencia de aficionados permita calcular los abonados que pueden entrar. El Real Madrid cuenta con más de 60.000 abonados y un hipotético permiso sanitario para albergar el 70 por ciento del aforo del Bernabéu (81.044 asientos), como manifiesta Javier Tebas, permitiría 54.000 aficionados en las gradas del estadio El primer compromiso en el Bernabéu llegará el sábado 11 de septiembre, frente al Celta, y el Real Madrid espera que esta quinta ola pandémica se haya superado ya en esas fechas y el aforo permitido sea, en efecto, de al menos el 70 por ciento. Será la presentación de Ancelotti y una plantilla muy distinta. Si se admitiera el 70 por ciento del aforo, que asciende a 81.044 personas, podrían acudir a un encuentro 54.000 espectadores, casi todos los abonados, y ese sería el punto de partido para comenzar a cobrar los abonos a quienes acudan a los encuentros. Si el porcentaje es del 50 por ciento podrán acudir 40.500 personas al coliseo blanco. Cifras inferiores de asistencia ya exigirán la venta de entradas, con preferencia para los abonados, que es la política aprobada de momento por la entidad madridista a la espera de los acontecimientos y de las decisiones de las autoridades sanitarias. Ahora mismo, la filosofía aprobada por el Real Madrid es vender entradas para los partidos y los socios tendrán preferencia y descuento. En las próximas semanas se comunicará de forma oficial esta decisión. De esta manera, el club ha solventado un problema que estaba pendiente. Hay más de 60.000 abonados, no habrá asiento para todos en los próximos meses y la venta de entradas será la mejor solución. Además, en plenas obras, el Real Madrid tampoco podría albergar en estos meses a los 81.044 aficionados posibles de su aforo oficial. El Real Madrid ya se puso en contacto con sus socios abonados para comunicarles que, por el momento, no les van a cobrar los abonos de la próxima temporada, ya que todavía no se conoce el número de espectadores que podrán acudir al estadio en la campaña 2021-22. El club blanco informó en la carta que envió a los socios que las previsiones para la temporada señalan la posibilidad de contar con público en las gradas con «los porcentajes y con las restricciones que establezcan las autoridades sanitarias. En las circunstancias que están previstas, casi con total seguridad, no podrán acceder la totalidad de nuestros socios abonados a cada partido, por lo que el club ha decidido que su cuota de abono correspondiente a la temporada 2021-22 no será emitida como es habitual el 30 de junio». Si la pandemia solo permitiera una asistencia mínima, por ejemplo siete mil espectadores, el Real Madrid volvería a jugar en el estadio Alfredo Di Stéfano, que tiene capacidad para seis mil La casa blanca precisaba que en los próximos días los socios recibirán más información sobre el procedimiento que el club establecerá para la solicitud de entradas en los partidos de la próxima campaña. El Real Madrid está seguro que las obras van bien y podrá albergar partidos con público en su estadio el 11 de septiembre. En este mes de agosto comenzará a preparar el coliseo para que pueda acceder el público en septiembre. El sueño sería presentarse el 11 de septiembre en casa con Mbappé. Si la pandemia solo permitiera una sistencia mínima, por ejemplo siete mil espectadores, el Real Madrid volvería a jugar en Valdebebas, que tiene capacidad para seis mil seguidores.
Ona Carbonell (Barcelona, 31 años) ha recorrido un largo camino hasta Tokio. Ha trabajado duro, como nunca. Fue madre hace un año. Nada más dar a luz regresó a los entrenamientos. Además de intentar llegar a sus terceros Juegos, quería poner sobre la mesa la problemática de la conciliación familiar. Ella ha tenido todas las ventajas. Hasta un preparador físico personal y un equipo de trabajo a su servicio. Pero sabe que no todas las madres cuentan con las mismas facilidades. A ella, por ejemplo, no le han permitido dar pecho a su hijo Kai durante estos Juegos. No le permitían abandonar la burbuja de la selección para evitar posibles contagios del Covid-19. O sea, que su marido y el... Ver Más
Carolina Marín era una de las grandes opciones de medalla para España en Tokio. Pero esta brava competidora onubense se rompió el ligamento cruzado de la rodilla izquierda y se perdió la cita olímpica. Un mazazo. Ahora, solo piensa en regresar. Habla en esta conversación de volver en el Mundial que se disputa en su tierra a finales de año, de París 2024, donde tiene claro el objetivo: ganar. También echa la vista atrás y bucea en sus orígenes, en cómo una compañera de clase le introdujo en este mundo. Y confiesa su gusto por la cocina y afirma que, fuera de la pista, es una persona muy diferente: «Me encanta estar de cachondeo». ¿Eres consciente de que eres la deportista... Ver Más
Pablo Carreño ha hecho algo increíble. Tiene un mérito tremendo, ganando al número 1 y al número 2 , y ganarle a Djokovic esa medalla. Siempre que juega por España pone muchísima ilusión, y con ella ha ido a buscar esta medalla. Es distinto ganar una medalla a todo lo demás. A Pablo lo ha visto hoy todo el mundo, y no todo el mundo ve los Grand Slams. Hay gente que no entiende o que no ve tenis y lo ha visto a él. Es lo que hace grande una medalla. La repercusión será más grande que la que ha tenido nunca y que la que tengas por ganar cualquier otro torneo. Yo cambié toda la preparación para centrarme en... Ver Más
En atletismo hay especialistas de una sola prueba y atletas que combinan distancias o disciplinas que les pueden proporcionar la satisfacción de un doblete. Pero el que va a intentar JuVaughn Harrison en Tokio nadie lo ha logrado. Porque el estadounidense es un ‘rara avis’ dentro del atletismo, el único capaz de colarse en las finales de salto de altura y salto de longitud, y no solo eso, sino ser candidato al oro en ambas, al saltar 2,33 sobre el listón y tener una marca de 8,46 en longitud. Solo Jim Thorpe fue capaz de hacer algo similar en los Juegos de 1912 en Estocolmo, así que después de lograr ayer su clasificación para la final de longitud, este joven estadounidense de 21 años y 1,93 de altura comenzará hoy la aventura de Tokio con la final de altura. Un día después será la de longitud, dos finales en dos jornadas que pueden hacerle un hueco en la historia del atletismo, por su rareza y por la dificultad que entraña a nivel técnico el compaginar dos disciplinas a priori tan poco relacionadas entre ellas, salvo la capacidad de bote y la fuerza en los tobillos de este talento. De todos modos, no lo tendrá nada fácil, al menos en la longitud. El cubano Echevarria ha llegado dispuesto a hacerse dueño del oro y en la calificación sentenció con un único intento de 8.50 metros, dejando a años luz las esperanzas del resto de competidores, que tendrán que esperar a un mal día mañana para poder presentarle batalla. JuVaughn Harrison se fue hasta los 8,13 como mejor salto, a dos centímetros de la marca de corte para clasificarse, aunque después no tuvo ningún problema para estar entre los que competirán en el pasillo de saltos. Antes, eso sí, le toca hoy pelear contra el listón del salto de altura.
El pasado 7 de diciembre, los periódicos de todo el mundo anunciaron, entre sorprendidos e indignados, que el Comité Olímpico Internacional había decidido la inclusión del break dance como deporte oficial en los Juegos de París 2024. Para muchos comentaristas, y no pocos deportistas, aquella decisión, que acarreaba además la supresión del kárate, suponía algo más que una osadía: era una afrenta dolorosa, casi un sacrilegio. Decididamente, chocaba ver al break dance ocupando espacio al lado de deportes tan venerables como el atletismo, el balonmano o el pentatlón moderno. El COI, que nunca ha negado su intención de rejuvenecer los Juegos, ya había decidido incluir en el programa otros deportes urbanos, como el skate o el baloncesto callejero, pero nunca había llegado tan lejos… ¿O sí? A George Eyser, gimnasta, lo atropelló un tren. Le amputaron la pierna izquierda y le colocaron en su lugar una prótesis de madera. Eyser, alemán nacido en Kiel y emigrado a San Luis (Estados Unidos), no se desanimó y siguió practicando con entusiasmo su deporte favorito. Los terceros Juegos de la era moderna, en el año 1904, se celebraron en su ciudad adoptiva y Eyser decidió participar. Entonces no había Juegos Paralímpicos, que no se organizaron hasta 1960, y tampoco se competía por países, así que Eyser se apuntó a todas las pruebas gimnásticas con su equipo, el Concordia. Le fue bien. Con su pata de palo, ganó tres medallas de oro, dos de ellas en aparatos que hoy siguen en el programa olímpico (barras paralelas y salto) y otra más en una disciplina olvidada: subir a pulso por una cuerda. La escalada de cuerda, que hoy ha quedado reducida a deporte de colegio, fue olímpica durante muchos años (de 1896 a 1932). También lo fue el juego de la soga, tira y afloja o sokatira, en el que dos equipos rivales, firmemente agarrados a una maroma bien gruesa, tratan de atraer hacía sí al bando contrario. Todavía se sigue practicando en fiestas populares y es un clásico de los campamentos infantiles, pero el juego de la soga alcanzó la gloria olímpica durante cinco ediciones consecutivas de los Juegos (de 1900 a 1920). Las imágenes de la época muestran que era un deporte electrizante y popular, cuyos desafíos congregaban a gran cantidad de público. La historia del olimpismo moderno demuestra cómo las fronteras de lo que entendemos por deporte son más porosas de lo que solemos pensar. Uno tiende a imaginar, por ejemplo, que la natación siempre se ha desarrollado en piscinas de aguas mansas, sin corrientes y a la temperatura adecuada, con gigantes armónicos como Mark Spitz o Michael Phelps deslizándose graciosamente por una fina lámina acuática. Sin embargo, en los Juegos de 1900, celebrados en París, los nadadores se arrojaban sin contemplaciones al río Sena. El historiador del deporte André Drevon, autor del libro 'Los Juegos olímpicos olvidados', refiere que en aquella época se entendía que la natación debía ejemplificar «la lucha contra la naturaleza en aguas hostiles»; un propósito que se cumplía admirablemente en una de las pruebas más populares: los 200 metros obstáculos. Los nadadores participantes no se limitaban a dar brazadas, sino que debían sortear tres estorbos colocados en su camino: un listón y dos barcas. Antes de llegar a la línea de meta, los 12 intrépidos tuvieron que pasar por debajo del listón y de una de las barcas y trepar por encima de la otra. El campeón olímpico de natación en los 200 metros obstáculos no fue un aventurero cualquiera, sino el mejor nadador de aquella época, el australiano Frederick Lane (1880-1969). La mala fama de París 1900 Los Juegos Olímpicos de 1900, los segundos de la era moderna, tienen mala fama. El barón Pierre de Coubertin quiso celebrarlos en su país, para enfado de los griegos, pero vio cómo su idea inicial se iba al traste al quedar englobados bajo el paraguas, entonces mucho más sonoro, de una Exposición Universal. Muchos participantes ni siquiera sabían que estaban compitiendo en unos Juegos y hubo una explosión de creatividad a la hora de diseñar las competiciones. Se desarrollaron de mayo a finales de octubre y se disputaron 477 pruebas, algunas tan pintorescas como el tiro con cañón, la suelta de palomas mensajeras, el rescate de heridos o el salto de longitud a caballo. Drevon calcula que llegaron a reunir a 58.000 participantes. Más de cien años después, miembros del COI e historiadores, asustados por aquella desmesura, trataron de determinar cuáles de aquellas competiciones merecían pasar a la posteridad con la categoría de deportes olímpicos y cuáles quedaban arrinconadas en el desván de las ocurrencias. Fue una purga en buena medida arbitraria porque en París 1900 no se hacían esos distingos y tan oficial era la natación (con o sin obstáculos) como el tiro de pichón, en el que se despanzurraban palomas auténticas y en el que un español, el marqués de Villaviciosa, consiguió un brillante segundo puesto. En ese escrutinio posterior se decretó que la carrera de globos aerostáticos, que tanta expectación levantó entonces, no era digna de figurar en los anales. De esta manera se le hurtó la condición de campeón olímpico al conde Henry de la Vaulx, un aventurero francés, apasionado de la aviación, que el día de la final se montó en su globo, le dio gas, despegó en París y 35 horas después aterrizó con maestría en Korostychev, un municipio cerca de Kiev (Ucrania), en aquellos tiempos parte del imperio ruso. Había recorrido 1.925 kilómetros sin escalas, lo que se convirtió en un récord mundial. Los lugareños, que jamás habían visto algo semejante, lo tomaron por un ente divino y fueron a postrarse ante él y a besarle las manos. Peor fortuna tuvo el segundo clasificado, Jacques Balsan, que descendió en otro pueblecito ruso, Opoczno, y fue recibido a tiros por los estupefactos aldeanos. En aquellas primeras ediciones de los Juegos se admitieron deportes como el croquet o el lacrosse, que hoy han caído en desuso, y se exploraron casi todas las posibilidades de lo que un hombre podía hacer a lomos de un caballo: salto de longitud, salto de altura, carrera de obstáculos, enganche de carruajes… En los Juegos de Amberes, celebrados en 1920, se incorporó entre las disciplinas hípicas el volteo, en el que los jinetes ensayan posturas gimnásticas sobre un caballo que gira al galope por un escenario circular. El belga Daniel Bouckaert fue el único medallista de oro de la disciplina en toda la historia. Aunque su gloria olímpica se redujo a la cita de Amberes, el volteo se sigue practicando en todo el mundo y es una de las pruebas incluidas en los Juegos Ecuestres Mundiales. Solo el tiempo dirá si el skate o el break dance corren la suerte de la motonáutica (que solo fue olímpica en Londres 1908) o se asientan definitivamente en el programa de los Juegos. En cualquier caso, los puristas deberían recordar que, como advirtió el historiador británico Eric Hobwsbawn, hasta las tradiciones que parecen más sólidas e imperturbables suelen ser inventos más o menos recientes.
El aplastante dominio que ejerció Usain Bolt en los 100 metros y el final de su reinado han dejado a la prueba reina de la velocidad en un estado de espera, a la búsqueda de un líder que vuelva a guiar a una de las pruebas más espectaculares del programa atlético. Desde que irrumpió en los Juegos de Pekín 2008 con sus estratosféricas marcas y su espectáculo mediático, el jamaicano fue el rey absoluto de los 100 metros y prolongó su dominio en Londres’12 y en Río’16. Su marcha dejó tocada a la prueba, que aun así se agarró a Chris Coleman con la esperanza de que el velocista estadounidense la mantuviera a flote. Pero Coleman falló de la peor forma posible, saltándose un control y recibiendo una sanción de 18 meses que le ha impedido estar en Tokio. Así que la final de esta tarde (14.50 horas) se presenta entre la oportunidad y la necesidad de contar con un nuevo líder, con un velocista que de un golpe en la mesa y sea capaz de asumir en unos Juegos Olímpicos que está a la altura del reto, ser el nuevo rey de la velocidad. A priori, la lista de candidatos debe estar formada por Trayvon Bromell, Ronnie Baker, Fred Kerley, Akasi Simbine y Andre de Grasse, aunque Usain Bolt tiene su claro candidato. «Bromell ha progresado mucho, ha demostrado que está listo y en forma. Si se mantiene así, debe estar en lo más alto». Así que si lo dice el jamaicano, habrá que aceptar que el estadounidense está listo para asumir el puesto vacante. A priori, lo debía haber hecho antes. Porque Bromell fue, con 19 años, el primer junior en romper la barrera de los 10 segundos. En el Mundial de 2015 ya fue tercero y en invierno de 2016, campeón mundial de 60 metros bajo techo. Pero ahí comenzaron los problemas. Fue operado en dos ocasiones para solucionar sus problemas en el talón, la segunda en 2019. A partir de ahí, llegó la recuperación y este año ha sido capaz de correr en 9,77, el único que ha sido capaz de romper la barrera de los 9,80. Sin embargo, aunque está convencido de ganar el oro, Bromell no dejó buenas sensaciones ayer en la primera ronda. Es cierto que fue la serie más rápida, que no fue a tope y que se clasificó con 10.05, pero no resultó la mejor carta de presentación tener que clasificarse por tiempos y no de forma directa, lo que siempre es un aliciente para el resto de aspirantes. Al acecho tiene a los tres velocistas que han sido capaces de bajar de 9.90 esta temporada. Ronnie Baker marcó 9,85 en los trials estadounidenses y ha ganado dos mítines (Estocolmo y Mónaco). «Mi rival soy yo y mientras me siga encontrando bien, sé de lo que soy capaz», ha asegurado estos días previos a los 100 metros de Tokio. Ayer se impuso sin problemas con 10.03. Caso más sorprendente es el de Fred Kerley, por ser un consumado especialista en 400 metros que se ha reconvertido en velocista aspirante a colgarse el oro en 100 metros. De hecho Kerley fue bronce en el Mundial de 2019 en la vuelta a la pista. Pero él asegura que no le resulta extraña la distancia porque «he estado haciendo el relevo 4x100 toda mi vida». Hace dos meses bajó por vez primera de diez segundos (9.91) y su marca personal ahora está en 9.86. Ayer pasó con 9.97. El que se encuentra ante una oportunidad histórica es Akani Simbine, que puede convertirse en el primer campeón olímpico africano de 100 metros desde que Reggie Walker lo hizo en Londres 1908. Simbine fue quinto en Río, quinto en el Mundial de 2017 y cuarto en 2019, pero ahora está en el mejor momento de su vida, tal y como demostró al batir el récord de África con 9.84. «Tengo confianza, sé que puedo hacerlo», afirma el velocista sudafricano, con 10.08 en su estreno. Y puestos a señalar nombres, no habría que olvidar a Andre de Grasse. Tiene la experiencia de las grandes competiciones, siempre está entre los mejores y parece que ha logrado llegar en un buen momento de forma, como acreditan esos 9.90 de su serie clasificatoria, el más rápido de los participantes, donde se permitió ganar sin problemas al estadounidense Kerley. Si mantiene el nivel en la jornada de hoy, el canadiense puede ser un rival muy competitivo en el Olímpico.
Don Felipe y Doña Letizia llegaron ayer a Mallorca acompañados por sus hijas, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía. Allí, en el Palacio de Marivent, les esperaba Doña Sofía, que se instaló en Palma hace algo más de una semana. La agenda oficial de la Familia Real para la próxima semana tiene cambios llamativos respecto a las de los años previos a la pandemia. Este año se esperaba que la Casa de S.M. el Rey recuperase la tradicional convocatoria fotográfica de Don Felipe y Doña Letizia con sus hijas en los jardines de Marivent, pero este encuentro con la prensa tampoco tendrá lugar este año. En su lugar, se espera que la Familia Real realice algún otro tipo de posado a lo largo de la semana. La intención es que el escenario para sus fotografías oficiales en Mallorca vaya cambiando de año en año. La recepción a los representantes de la sociedad balear, que siempre presidían los Reyes junto a Doña Sofía, tampoco tendrá lugar este año debido a la pandemia, ya que las restricciones sanitarias impiden celebrar encuentros multitudinarios con brindis y saludos oficiales. Así, la agenda de la Familia Real para esta semana se reduce de momento a cinco actos, aunque todos los años se producen ampliaciones a última hora. El primero tendrá lugar esta tarde de la mano de Doña Letizia. Como ya hizo en 2019, está previsto que la Reina presida la clausura del festival de cine Atlántida Mallorca Film Fest (AMFF), con su correspondiente entrega de premios Masters of Cine a dos grandes estrellas de cine internacionales, la actriz Judi Dench y el director Stephen Frears. El Rey recibirá mañana en el Palacio Real de la Almudaina a las autoridades de Baleares. Entre las nueve y media y las once, en tramos de 30 minutos, Don Felipe recibirá a la presidenta del Gobierno de las Islas Baleares, Francina Armengol; al presidente del Parlamento balear, Vicenç Thomàs i Mulet; al alcalde de Palma, José Francisco Hila Varlas; y a la presidenta del Consell de Mallorca, Catalina Cladera i Crespí. El martes, a la una y media, está previsto que se produzca el tradicional despacho con Pedro Sánchez en el Palacio de Marivent. A las siete y media de la tarde del miércoles, los Reyes y sus hijas visitarán el centro de interpretación del paraje natural de la Sierra de Tramontana y el santuario de Lluc. Este mismo día, aunque no figura en la agenda, Don Felipe presidirá en el Real Club Náutico de Palma el quinto centenario de la gesta de Juan Sebastián de Elcano. Allí tendrá lugar el sábado por la noche la entrega de trofeos de la 39 regata de vela Copa del Rey Mapfre. No se descarta que esta semana se pueda ver a la Princesa Leonor y la Infanta Sofía en un acto en solitario, o junto a la Reina Letizia y Doña Sofía.