—¿Practica usted deporte? —Siempre ha formado parte de mi vida. Primero, como deportista amateur y como aficionado. Ahora simplemente como lo segundo. Sobre todo, es salud, compañerismo, y diversión. Jugué al balonmano, al fútbol e hice atletismo también. —Y ha escrito 'Hogar fútbol', un libro sobre discriminación y derechos humanos en el fútbol. ¿Y por qué?, que diría Mourinho. —Porque creo que tanto en la sociedad como en el deporte hay cierto grado de racismo y de xenofobia. Y muchos de los deportistas a los que admiramos han sufrido discriminación, como otras muchas personas. Pensé que sería un buen ejemplo contar sus vidas, ver cómo sufrieron, a pesar de que hoy son nuestros héroes y, de esta forma, empatizar con todas esas personas que sufren discriminación y no son conocidas. —¿Vivimos un rebrote de odio en el deporte o es sólo mi impresión? —En cierto grado lo comparto. Lo que sí es verdad es que esas personas, que pienso que siguen siendo una minoría, ahora gritan o se les escucha más. Lo vemos en redes y lo vemos en la sociedad. —En el fondo, somos menos racistas que hipócritas. Muchos de los que insultan, luego matan por una foto con Lamine, Nico Williams o Vinicius. —Eso es muy difícil de combatir porque no hay un solo elemento racional que lo justifique. El racismo hacia una persona en situación de pobreza es alto. Después, si es famoso o es deportista va bajando. Y ya, si es de nuestro equipo, prácticamente desaparece. —¿Ve? Hipócritas. —El jugador de nuestro equipo tiene nombre y apellido, pero el del rival ya es «el negro» o «el moro». Evidentemente hay algo de aporofobia, de odio al pobre, en todo esto. —Borja Iglesias se pintó las uñas y también fue objeto de insultos. ¿Hay que decirle que siga haciéndolo? —Yo le diría que hiciera lo que quisiera. Que no deje de hacerlo porque haya personas que le insulten. A la mayoría de la gente, esos detalles, o no les importan o los ve bien. Pero esas minorías hacen un ruido espantoso, abordan las redes, la opinión pública y al final es lo que queda, el eco. —Se promueve una acción solidaria contra quienes lo están pasando mal en Ceuta y hay tres jugadores que deciden no participar de ello. Y ahora ¿qué? —Salir con una camiseta no quita que tú defiendas o intentes aportar tu granito de arena a esa situación. Y también es cierto que cuando Mbappé ha tratado de justificarse, por primera vez alguien en el mundo del fútbol ha puesto también el foco en los migrantes y en las personas que han muerto. —Por usted supe que lo de «vikingos» a los madridistas se lo deben a Pukas. Cuéntemelo. —Fue un año en la Copa de Europa, en el que el Madrid era un ciclón. Un titular de un periódico europeo hablaba de ello y decía que aquel equipo arrasaba como los vikingos cuando llegaron a la Europa continental. De ahí se quedó ese apodo. —También recoge la vivencia de Luka Modric, tras huir de la guerra. Pero él no quiere ni mentarlo. —No es una persona que quiera estar recordándolo continuamente, ni poniendo demasiado énfasis en ello. Incluso, reconoce que a sus hijos, mientras eran pequeños, no les quiso hablar del tema. Yo le animaría a que lo hiciera, a que cuente su vivencia en un hotel para refugiados desde los 6 hasta los 17 años. Que cuente cómo sufrió, qué le supuso a él y a su familia tener que huir. De hecho, Modric es el que da origen a mi libro. —¿De qué equipo es? —A mí me gusta el Fútbol Club Barcelona. —Queda mucho aún pero menudo temporadón se les adivina. ¿Cuál cree que es la razón? —Que hay muchos jugadores que sienten la camiseta, sean españoles, catalanes o de otros lugares. Y también, son muy jóvenes y parece que se llevan muy bien. Y eso, en cualquier ámbito, es fundamental. —Tenemos que luchar contra la vulneración de los derechos humanos y luego celebramos un Mundial en Qatar y una Supercopa en Arabia. ¡Olé por nosotros! —Como defensor de los derechos humanos, a mí me decepciona la elección de las últimas sedes mundialistas , excepto la de España. Me decepciona la elección de algunos países a los que se están llevando algunos deportes. No sólo el fútbol: el golf, la Fórmula 1, el tenis, incluso el ciclismo. Los gobiernos, la Unión Europea o el Gobierno español, deberían hacer más presión sobre ese tema. Pero creo que, principalmente, somos los aficionados. —¿Los aficionados, esos que importamos…nada? —Los aficionados, como consumidores, somos los que decidimos si un producto gusta o no gusta, si va al alza o no. Si, cuando esos deportes van a esos países, dejáramos de seguirlos, o a determinados deportistas dejáramos de seguirlos, no habría negocio, no habría dinero. Nos cuesta diferenciarnos entre todo ese abanico de buenos propósitos y el seguir a nuestros deportistas y disfrutar del deporte. —¿Cuál es el caso más sangrante que le viene a la cabeza cuando piensa en la vulneración de los derechos humanos, en el fútbol? —El caso de Arpa Waitz, entrenador austrohúngaro del Inter de Milán. Sus dos hijos y su mujer acaban gaseados en Auschwitz y él acaba muriendo en el propio campo de concentración, unos meses después, por ser judío. —A su juicio, ¿cuál es el deportista más comprometido con los derechos humanos que conoce? — Más allá de Borja Iglesias y Héctor Bellerín, por ejemplo, Hamilton que también se ha posicionado, siempre, en defensa de ese aspecto. Ana Peleteiro, también es alguien con sensibilidad social. Hay muchísimos casos. —Y ¿alguna institución deportiva modélica? —Pues me resultaría complicado, dentro del ámbito, digamos, más profesional. Es verdad que hay clubes deportivos pequeños, que trabajan a favor de los refugiados, que son inclusivos. Ahí tendríamos muchos más ejemplos. Pero si hablamos de grandes instituciones u organismos, vemos que el dinero lo mueve todo, incluso hasta el Comité Olímpico Internacional da una de cal y una de arena, y no sabes por dónde cogerlo. —Me consta que su libro ha llegado algunos clubes ¿ha habido algún jugador que le haya dado la enhorabuena por su trabajo de investigación? —No y es una de las cosas que me gustaría y que tendría pendiente. Sobre todo, por parte de alguno de los jugadores que aparecen en el libro. —Si escribiera una segunda parte de 'Hogar futbol', ¿dedicaría un capítulo especial a Vinicius? —Cuando publiqué el libro, un caso como el de Vinicius no tenía aún vigencia. Yo hablaba de personas que han sufrido el racismo desde la persecución, no en el aspecto verbal. Y que eso les ha repercutido en su vida. Pero, para próximas ediciones, podría ser una opción, sí.
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sábado, 26 de septiembre de 2026
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