Al Grupo K le llega el turno de bajar su telón en una jornada de contrastes absolutos. Mientras las luces de Miami se encienden para albergar un choque de trenes de alta alcurnia entre la Colombia de Néstor Lorenzo y la Portugal de Roberto Martínez, la periferia del grupo vivirá su propio drama de supervivencia en un duelo a vida o muerte entre la República Democrática del Congo y Uzbekistán (los dos encuentros, a la 1:30 del sábado). Para la selección colombiana, el escenario de Florida es uno de los partidos más importantes de los últimos años. Es la oportunidad de firmar el reencuentro con su propia mitología. Con seis puntos de seis posibles en el bolsillo tras despachar con autoridad a uzbekos (1-3) y congoleños (1-0), el conjunto cafetero ya saborea los dieciseisavos de final. Sin embargo, el botín que se dirime ante los lusos es de un valor estratégico incalculable: el liderato de un grupo que comparte con la potencia lusa. Conservar la cima, algo que se lograría con un triunfo o un empate, le garantizaría a Colombia un cruce teóricamente más amable ante los terceros del bloque D, E, I, J o L –Paraguay, Ecuador, Costa de Marfil, Noruega, Senegal o Argelia–. Caer a la segunda plaza significaría adentrarse en las fauces de un destino balcánico o africano de primer nivel: Croacia, Ghana o la siempre temible Inglaterra. La prensa portuguesa no ha escatimado en elogios hacia el bloque de Lorenzo, definiéndolo en las horas previas como «talento convertido en selección». Y las estadísticas que manejan los analistas en Lisboa asustan: un dominio territorial abrumador, más de 500 pases por encuentro y una asfixiante presencia en el último tercio del campo. Quizás el único reproche para esta Colombia que evoca el espíritu invicto de Brasil 2014 –cuando James Rodríguez y compañía avanzaron con puntaje perfecto– sea su falta de colmillo clínico. Ante la RD Congo, el monólogo futbolístico mereció una goleada, pero se topó con un Lionel Mpasi colosal que estiró el misterio hasta el final. No obstante, el bloque defensivo liderado por Davinson Sánchez y Jhon Lucumí, sumado a la irrupción goleadora del lateral Daniel Muñoz y la magia inagotable de James, Luis Díaz y el joven Gustavo Puerta, sostienen la candidatura de un equipo que ya sabe lo que es tumbar a gigantes como Brasil, Argentina y Alemania en este ciclo. En la otra orilla del Atlántico, Portugal llega con la necesidad imperiosa de ganar para asaltar el primer puesto, pero también con la moral reconstruida. Tras un debut gris y espeso ante Congo(1-1), la escuadra ibérica disipó todos los fantasmas destrozando a Uzbekistán con un inapelable 5-0. Aquella noche fue la enésima confirmación de que los viejos mitos nunca mueren: Cristiano Ronaldo, a sus 41 años y 138 días, firmó un doblete para convertirse en el primer futbolista de la historia en marcar en seis Copas del Mundo distintas, elevando su cuenta personal a diez dianas en la gran cita del fútbol. El plan de Roberto Martínez amenaza con activar los costados de un Hard Rock Stadium que registrará un lleno absoluto. Si Joao Cancelo y Nuno Mendes encuentran las autopistas laterales, y Bruno Fernandes logra conectar con la voracidad de Cristiano o la electricidad de Rafa Leao, la zaga colombiana vivirá su noche más exigente del año. Lorenzo, consciente del órdago, medita agitar el árbol de las variantes físicas dando entrada a hombres de músculo y desparpajo como Richard Ríos o John Córdoba, sin descartar la pausa académica de Juan Fernando Quintero si el partido exige dormir el balón. A la misma hora, lejos de los focos de las superestrellas y la opulencia de Miami, la República Democrática del Congo y Uzbekistán jugarán un partido que se prevé de una intensidad desgarradora. Es el reverso de la moneda del Grupo K. Aquí no se busca la gloria del primer puesto, sino la rendija milagrosa que otorga la condición de «mejor tercero» para acceder a las rondas eliminatorias. Los «Leopardos» de Sébastien Desabre parten con ventaja psicológica y matemática. El punto arañado ante Portugal y la dignísima resistencia ofrecida ante Colombia los colocan con el cartel de favoritos para este choque de desheredados. Desabre ha conseguido inyectar en sus futbolistas un gen competitivo encomiable: «Fuimos valientes y combativos ante Colombia, ellos fueron superiores, pero demostramos que sabemos sufrir», comentaba el técnico francés. Una victoria ante los uzbekos elevaría su casillero a los 4 puntos, una cifra que, a priori, debería abrir las puertas de la siguiente fase en este formato mundialista. Para Uzbekistán, el panorama es mucho más desolador, pero no por ello exento de orgullo. El combinado dirigido por el legendario Fabio Cannavaro llega herido de muerte tras encajar ocho goles en dos partidos, la última de ellas la dolorosa manita infligida por los lusos. El técnico italiano defendió la entereza de sus pupilos a pesar del correctivo: «Sabía que iba a ser muy difícil. Los vi asustados, en dificultades, pero no cedieron ni un segundo». El milagro uzbeko pasa por una victoria holgada que limpie su maltrecha diferencia de goles y les permita aferrarse a una carambola matemática de proporciones bíblicas. El Grupo K de la Copa del Mundo 2026, el que para muchos, antes de empezar el torneo, podría ser considerado el grupo de la muerte, llega a su estación final. En un lado de la balanza, el violín de James Rodríguez desafía al imperio incombustible de Cristiano Ronaldo por el trono del grupo; en el otro, el barro, el sudor y las lágrimas de dos selecciones que se resisten a bajar los brazos antes de que acabé su campeonato, tratando de prolongar todo lo posible la hora de volver a casa.
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