lunes, 29 de junio de 2026

Aguirre desata el furor en México

La Copa del Mundo comienza a despedirse de México. Guadalajara albergó el viernes su último partido con el duelo entre España y Uruguay y esta noche sucederá lo propio en Monterrey, con el cruce entre Países Bajos y Marruecos (3.00 horas). Entre tanto, este martes México jugará ante Ecuador en el Estadio Azteca y luego ya solo restará un partido más en ese escenario, por los octavos de final, con México de anfitrión, posiblemente contra Inglaterra. Y es que el furor que ha desatado la máxima competencia deportiva en el país mesoamericano no se vive en ni en Estados Unidos ni en Canadá. Celebraciones hasta la madrugada, calles cortadas por los festejos, camisetas verdes a todas horas por las calles, bares y restaurantes a tope para ver los partidos; en definitiva, una pasión mundialista indisociable de un hecho, que, hasta hace algunos meses, era inesperado: el despegue de la selección mexicana dirigido por Javier «Vasco» Aguirre. En su tercera etapa al frente del conjunto tricolor, Aguirre tiene una efectividad del 60% y el año pasado obtuvo la Copa de la Concacaf. Y, sin embargo, hasta el inicio del Mundial la selección seguía sin tener un gran respaldo popular. En los amistosos en territorio mexicano, que eran las ocasiones para ver al equipo ya que, como organizador, no disputó ninguna eliminatoria, los estadios no alcanzaban a llenarse y, por eso, se privilegiaba jugar en Estados Unidos, donde viven millones de mexicanos con buen poder adquisitivo. Así sucedió en octubre del año pasado, cuando, en un amistoso en Dallas, México fue aplastado por 4-0 frente a Colombia. El público se despachó con fuerza contra la selección y desde la prensa se clamaba por el despido de Aguirre, quien, aun así, resistió en el puesto. El pasado febrero, en el partido de reapertura del estadio Azteca, un amistoso México-Portugal que terminó 0-0, la selección mexicana se retiró entre silbidos y con el público gritando el «ole» cuando los jugadores portugueses se pasaban el balón. A pocos días del Mundial, algunas encuestas publicadas en medios de comunicación señalaban que buena parte de los aficionados consideraban que México podía ser eliminado en una fase de grupos donde competía con Corea del Sur, Sudáfrica y República Checa. Y sin embargo, contra los peores pronósticos, México está realizando el mejor Mundial de la historia: su selección nunca había ganado los tres partidos de la primera ronda. Se impuso por 2-0 a Sudáfrica en la inauguración, superó por 1-0 a Corea del Sur en Guadalajara y despachó por 3-0 a los checos en el Azteca. Ahora, ya con el furor mundialista y con el reconocimiento de la prensa para Aguirre, la eterna obsesión: disputar un partido de cuartos de final, algo que México no ha logrado nunca. El pasado mayo los Pumas de la UNAM, un histórico equipo de la CDMX, pero que lleva años sin ser campeón, se encaminaba a disputar el título y a su técnico le preguntaron en conferencia de prensa si eso sería posible. Respondió «¿Y si sí?, ¿qué pasaría?» Esa frase se viralizó en redes sociales y al día siguiente del triunfo de México en el partido inaugural, se volvió tendencia pero ya aplicada a la selección de Aguirre y sus oportunidades de avanzar en la Copa del Mundo. La frase «¿Y si sí?» inunda las redes sociales, suena en las radios, está en la publicidad y también en calcomanías, carteles, pintadas callejeras y en banderas en los estadios. Es la representación de un delirio colectivo, de una pasión nacional que consigue apagar, al menos durante algunas semanas, la dura realidad que toca a los mexicanos a diario. El fútbol y la magia que irradia se imponen a los desmanes económicos, la sombra de la violencia y la angustia de los miles de desaparecidos. El Mundial fue una llamada correspondida por México y sus multitudes arrebatadas, coloridas, entusiasmadas y vibrantes. Sí, México extrañará al Mundial. Y viceversa.

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