El Salvador ha experimentado en los últimos años una transformación radical: de ser el segundo país más peligroso del mundo a uno de los más seguros de Hispanoamérica. Sin embargo, sigue enfrentando retos económicos, sociales y educativos.
Los misioneros han sido testigos de estos cambios como Cecilia, tras más de veinte años en San Salvador, la capital del país. La boliviana pertenece a la Hermana Misionera de la Caridad, fundada por Teresa de Calcuta, presente en El Salvador desde 1988.
“Crecí en una familia católica pero sin mucha práctica. Quería ser policía pero no religiosa. Pero el Señor es misterioso y me regaló la vida. Tenía ganas de morir, y en ese conocer a Dios a través de mi vocación fue la nueva vida. Hay que sanar heridas, conociendo más profundamente a Dios y él te va moldeando”, ha relatado en 'Misioneros por el mundo'.
Hace tres años, Cecilia llegó al centro San Marcos, donde la comunidad cuida de 75 ancianos necesitados y enfermos de VIH.
“Son personas que no tienen familiares o están en situación de abandono por diferentes circunstancias y sin apoyo de nadie. Vienen a través del hospital, policía, Cruz Roja que los encuentran en la calle, en algún caso he ido personalmente a recoger a alguien en la calle, pero ahora es a través de las instituciones”.
El servicio de las Hermanas de la Caridad es gratuito, ya que los beneficiarios son “gente pobre entre los pobres”, recalca Cecilia. Económicamente, la comunidad se sostiene gracias a las ayudas de la congregación y los donativos.
“Les damos todos los cuidados. Médicos, espiritual, vestuario, comida... todo lo necesario para vivir dignamente”, afirma la religiosa boliviana.
A la falda del volcán de San Salvador, en la zona conocida como 'El Boquerón', sus habitantes sufrieron la violencia de las pandillas que sembraban el terror. Allí se encuentra el Colegio Marista San Alfonso, que gestiona dos hermanas y un sacerdote, todos españoles.
La Hermana Rosario Ballester ha explicado que la zona ha evolucionado de manera significativa desde 1993, cuando la comunidad se hizo presente en 'El Boquerón'. “Había mucha desnutrición y ahora alguno tiene obesidad, pasaron de un extremo a otro”.
“Cuando comenzamos los primeros niños no tenían suelo, era de tierra. Aquí se les enseñó el lavado de dientes, de uñas... y llevaron a casa el deseo de tener más higiene. Se fue comunicando en las familias y cambió muchísimo”, asegura la religiosa murciana.
Además de su labor educativa, la comunidad gestiona la clínica Nuestra Señora de la Gracia, que atiende a vecinos del volcán y de las Margaritas para que pudiesen tener asistencia médica. “Durante muchos años hemos traído medicamentos de España, y las personas venían aquí porque decían que la medicina de España curaba. Aquí es cara. Cuando ya no pudimos traer medicina de España lo compramos nosotros y un laboratorio nos hace un donativo todos los meses. Así formamos los tratamientos. Pagan cinco dólares y se llevan la medicina”, ha explicado la monja murciana.
Infecciones comunes como gripe, gastrointestinales, citologías o controles de embarazo forman parte del catálogo de cuidados.
En el Sector Cuatro de las Margaritas la vida es complicada. La educación ha permitido un cambio de mentalidad, pero falta mucho camino por recorrer.
“A nosotros nos respetaron siempre porque cuidábamos de los niños de las pandillas y venían a la escuela y guardería. Pero situaciones de violencia había. De hecho las pandillas venían a la puerta de la escuela a reclutar niños. Los identificaban, los elegían y no lo dejaban tranquilo hasta que se lo llevaban”, cuenta Rosario Ballester.
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