El Real Madrid se quería sacudir este inicio dubitativo de la Euroliga: tres derrotas y una victoria, en casa, ante el Partizán, pero necesitaba un triunfo como este que sirviera de alivio e ilusión. Por fin se corta la mala racha fuera de casa tras vencer al Olimpia Milan por tras un primer cuarto dubitativo y superioridad a partir del segundo. Campazzo, Maledon y Feliz se divirtieron de lo lindo para llevar a los blancos a sonreír por fin en la Euroliga a domicilio (89-98). Los de Pedro Martínez se lo tomaron casi como una obligación, que a pesar de no tener un buen currículo en Italia, era el Olimpia Milan un conjunto incómodo pero manejable, aunque costó. Hay cierta resistencia inicial, con un Moses Wright destacado tanto en ataque como en defensa. Ese Wright que protagonizó un esperpéntico paso por el Barcelona . En el Milan es quien frena cuanto puede los arrebatos de Tavares y Campazzo, que se alía de maravilla con Jones para desatascar el marcador a tres minutos del final del primer cuarto. Pero no hay fluidez ni continuidad e insiste el Milan, con Burnell haciendo daños de tres y un Madrid que cede espacios y no solo no acaba de despegarse en el marcador sino que la pequeña ventaja se desvanece con un último triple de Mathews. Espabila Pedro Martínez a los suyos en el discurso, y se encienden los blancos. Chispazos de Campazzo y Maledon, pero que siguen sin cuajar a largo plazo. Le cuesta al Madrid salir con el balón y acumula seis pérdidas a mitad del segundo cuarto. Sin grandes alardes, pero aprovechando los despistes blancos, los italianos se mantienen siempre ahí, peleones. Hasta que se planta Campazzo, que ya no deja pasar ni una y convierte cada muñecazo en una genialidad: un triple, una bandeja, un pase milimétrico a Jones, un pase sin mirar para Tavares. Y el Madrid se libera, y disfruta y sonríe. Mejoras en defensa y balones a Campazzo y a Jones (12 puntos), para que por fin se les apaguen las ideas y la efectividad a los italianos y el marcador se incline hacia los blancos con un parcial de 15-32 al descanso, y 3-16 en ese último arreón de cuatro minutos vibrantes (40-53). El estirón continúa tras el descanso, 7-0 de parcial para continuar en la dinámica. Ideas claras, manos firmes y Tavares, Pradilla, Feliz que amplían la brecha en números y en sensaciones. Porque después del atasco de la primera mitad, todo empieza a fluir: pases, lanzamientos, bloqueos, triples, tapones, robos, fintas; todo lo que no salía antes es ahora fácil, evidente, sencillo, cómodo. 20, 21, 23 puntos de ventaja. La superioridad se vio en cierta forma minimizada en el último cuarto, toda vez que los blancos acusan el esfuerzo del despegue y hay unos minutos de dejar los huecos del inicio, de ceder terreno y balón. Una conformidad que aprovechan los italianos, sobre todo Bolmaro, que se niega a sufrir una sonora derrota. De los veinte puntos se pasa a los diez de colchón, aunque no se teme por el triunfo, pues hay menos efectividad pero el control sigue intacto. Como el ímpetu de Campazzo, que sigue entrando a canasta desde todos los rincones para mantener el pulso en alto y el marcador con alivio. Se consigue así la primera victoria a domicilio, con oficio en defensa y un tercer cuarto que impulsó el ánimo del grupo. El jueves, ya en casa, ante el Lyon. «Ha habido buena mentalidad tras las primeras derrotas, el equipo estuvo concentrado, perdimos un poco la velocidad al final del tercer cuarto, pero mejoramos en defensa y nos ayudó a lograr la victoria. El sacrificio individual ha dejado paso al éxito colectivo», comentó Martínez tras el choque. «Ha sido un partido físico y de concentración para conseguir la primera victoria a domicilio», dijo Feliz, mejor jugador del partido. «Estuvimos muy generosos en los pases y tomando buenas decisiones, muy concentrados en la defensa; fue un gran partido de todos», completó Maledon.
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