viernes, 9 de octubre de 2026

Barco negro (fado)

En España, tierra de Negreira, si bien se mira y queremos entenderlo, no hay Liga ni hay Federación. Hay un Drógulus, que, lo mismo que el propio fútbol, también viene de Inglaterra, tierra del City . El Drógulus surgió de un debate sobre lógica en la BBC, cuando la BBC anteponía la lógica al belicismo, entre el padre Copleston y el as del positivismo lógico Alfred Jules Ayer, quien, mareado por los juegos de palabras del jesuita, explota: –Suponga, padre, que digo «hay un drógulus allí». Y y usted dice: «¿qué?». Y yo replico: «Drógulus». Y usted pregunta: «¿qué es un drógulus?». Bueno, digo yo, no puedo describir lo que es un drógulus porque no es la clase de cosa que usted pueda ver ni tocar, no tiene efectos físicos de ninguna clase, sino que es un ser incorpóreo. Y usted dice: «bien, ¿cómo puedo decir si está allí o no?». Y le contesto: «No hay forma de decirlo. Todo sigue justo igual esté allí o no. Pero el caso es que está allí. Hay un drógulus justo detrás de usted, espiritualmente detrás de usted». ¿Tiene eso sentido? Bueno, pues así como la tragedia griega dependía de un Hado, el fútbol español depende de un Drógulus sin sentido (invisible, inaudible y desde luego intocable) que al parecer cuenta con zanjar la competición nacional en octubre para que los equipos puedan dedicarse plenamente a lo serio, que es la Champions. Para el Clásico, y como caído del Drógulus, suena Míster Universo, Hernández Hernández, es decir, dos veces guapo, y culé desde su infancia. Dos veces guapo es más que bonito una vez, siendo la diferencia entre guapo y bonito la establecida por Ruano: –La muchacha que me habla (una estudiante de piano) es bonita. Bonita no es ser guapa –palabra rotunda, sin traducción posible; palabra tremenda, que llena toda la boca– ni bella tampoco. Bonita es... ser bonita. La belleza pueril, sin cultura, sin serenidad, sin tragicismo. Para no perdernos: bonito sería Fran Soto , cuando pide que nos olvidemos de Negreira, se supone que con la ayuda de Puigdemont, que vuelve a casa por Navidad. Guapo, en cambio, es Hernández Hernández, que está entre los denunciantes del Real Madrid, cuando le saca la amarilla a Vinicius, que es capitán, por hablarle. Ahí lo que te baila en la cabeza es el 'Vaya torito, / ay torito guapo, / tiene botines / y no va descalzo' de don José Luis Cantero Rada, el Fary. El mundo, pues, no se para para ver a los chicos de Flick («Ni Flick ni Flock», gritaba Felipe González en el Parlamento de los 80) y a los chicos de Mou; se para para mirar y admirar la guapeza de Hernández Hernández. Flick es un fanegas alemán feliz porque lo único que ha comprendido del español es el dicharacho 'atar a los perros con longaniza' («¡a ver quién le dice a éste que él no ganó las ligas de Tenerife!»), y a Mou nos lo presentan ahora mismo como al último fadista portugués poniendo sobre el 4-2-3-1 «su nota jaque de estirpe acorralada y vencida por el tiempo». ¿Quién rescatará al mourinhismo de esta melancolía? («Y tu barco negro danzaba en la luz / Vi tu brazo agitando, entre las velas ya sueltas / Dicen las viejas en la playa, que no vuelves / ¡Están locas, están locas!». Barco Negro). La Champions no se gana con ataque, sino con defensa, y aquí estamos con Huijsen y hasta con Cucurella, a quien el chico de Simeone, que tiene el cuello de El Fundi, puso un piso en el derbi, lo que confirma que el fútbol de selecciones es inferior al fútbol de Champions. ¿Quién debe pivotar con Aureliano? ¿Valverde? ¿Bernardo? ¿Eduardo? ¿Arda? Algún mourinhista se me queja de las zapas alonsinas de Mou, que ya apunta pectorales, aunque tampoco son los de Bill Gates, el viejo pezonero en niki de curita. Tres semanas ha tenido Mou para arreglar el entuerto (no ayuda, visualmente, el rosa corporativo de la equipación: en un vestuario de hombrones, cuesta más dar órdenes vestido de rosa). Trabajo tremendo, el del entrenador. Ruskiniano. Ruskin: el trabajo es el «sufrimiento» en el esfuerzo; es «esa cantidad de nuestra fatiga en la cual morimos». El Drógulus no quiere muertos, e impide a Carvajal fatigarse en el Getafe.

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