
Blanca Cuesta salía del colegio de sus hijos en Madrid el pasado martes de forma apresurada y hablando por teléfono mientras un grupo de fotógrafos la esperaba en la puerta. Lo hacía sola, sin el respaldo de su marido Borja Thyssen. Sobre los dos pesa desde ese mismo día una petición de la Fiscalía de Madrid de dos años de cárcel y una multa de un millón de euros para cada uno por defraudar a Hacienda 336.417,89 euros. A 600 kilómetros de distancia, en Andorra, se encontraba el hijo de Carmen Thyssen, quien lleva viviendo en el Principado desde 2017. Una residencia fiscal que, lejos de solucionar sus apuros económicos, le ha pasado factura en su estado de ánimo, ya que cada vez lleva peor pasar los días alejado de su familia. Lo decía el propio Borja a un grupo de periodistas hace unos meses en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, que los días se le hacían muy largos lejos de su mujer y sus cuatro hijos: Sacha, Eric, Enzo y Kala. Achacó su delgadez a «los viajes», que le estaban «matando». «Blanca y yo seguimos viviendo separados. La distancia es muy complicada de llevar. La verdad es que es muy duro», comentó. En 2016, en un intento por por mantener a su familia unida pese a sus problemas con el Fisco, se mudaron a Londres. Pronto se dieron cuenta de que el cambio no les estaba viniendo del todo bien y decidieron dar un paso atrás. Encuentros con los niños Blanca y los niños se establecieron en el chalet de la pareja en la urbanización La Finca, en Pozuelo de Alarcón, y Borja se instaló en una de las casas que su madre compró en la urbanización andorrana de Can Diumenge. Una jaula dorada que solo le permite pasar en España 183 días al año. Por eso, cada vez que ve a sus hijos «es un momento mágico» y les colma de besos y abrazos. Una situación que habría llevado al matrimonio a pasar por una delicada situación -como varios de sus amigos han comentado a ABC-, hasta tal punto que Borja se interesó hace unos meses por una casa en la urbanización de La Moraleja. Aún así, parece que Borja y Blanca han ido reconduciendo las secuelas de su distanciamiento. A esta difícil situación se suma ahora la nueva causa judicial de esta semana. La Fiscalía de Madrid les acusa de un presunto fraude fiscal cometido en la declaración de la renta de 2010. Al parecer, habrían simulado actividades económicas a través de Cas Capetó S.L., la sociedad a nombre de la cual estaba inscrita su casa de Ibiza. El matrimonio declaró aquel año unas ganancias patrimoniales de más de dos millones de euros por la venta de la villa, ubicada en el municipio ibicenco de Jesús, pero dejó sin declarar otro millón y medio de euros. Esta es la segunda acusación por la que Borja Thyssen tendrá que sentarse en el banquillo, pero la primera donde lo hará junto a su mujer, quien figuraba como administradora única de la sociedad propietaria de la casa de Ibiza. La otra causa por la que Borja lleva esperando fecha para el juicio colea desde 2013. Aquí se discutirá si Borja pasaba más de 183 días en España cuando realizó la declaración de la renta de 2007, ya que alegó tener su residencia fiscal en Andorra para presuntamente ocultar los 1,4 millones de euros en concepto de exclusivas a la revista «¡Hola!» -una por su boda y otra por el bautizo de su primer hijo-, que cobró a través de una empresa a su nombre en Nevada. Según Hacienda, Borja tendría que haber declarado esa suma de dinero porque pasó en España más días de los estipulados. La Fiscalía pide por esta otra causa dos años de cárcel y una multa de 1,2 millones de euros para el hijo de la baronesa Thyssen, quien en 2017 ya depositó 629.240 euros en concepto de fianza hasta que tuviera lugar el juicio. Relación con sus mellizas Borja Thyssen tiene nacionalidad suiza, aunque su residencia fiscal, al menos desde entonces (2017), se encuentra en Andorra. Todas sus propiedades en España (las casas de Sotogrande, Madrid o Terrasa, entre otras), están a nombre de una de sus sociedades en Inglaterra. Vivir en Andorra era la única manera de evitar el régimen fiscal español, regirse por el del Principado -donde se pagan menos impuestos- y estar cerca de Blanca y los críos. Fue una decisión drástica, pero la única viable. En Can Diumenge, en la casa contigua, tiene a su madre, quien se instaló allí al mismo tiempo que él. Andorra le permite a Carmen Thyssen disfrutar de la compañía de su hijo y de María del Carmen y Guadalupe Sabina, las mellizas de 12 años que la baronesa tuvo por medio de una gestación subrogada. Tras años de distanciamiento, Carmen puede presumir de que su estancia en el Principado ha hecho que su hijo y las mellizas tengan una relación más cercana. Tanto es así que el pasado verano se les pudo ver por primera vez a todos juntos disfrutando de unos días a bordo del Mata Mua.
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