
La jornada de reflexión es una obligación de las campañas electorales españolas. No se puede pedir ya el voto ni lanzar mensajes políticos. Tras semanas de frenesí mediático y viviendo con la maleta a cuestas, los candidatos bajan el pistón y muestran su faceta más humana. Deporte, comidas familiares o paseos son ya un habitual de estos días. El último respiro antes de acudir a las urnas. Todos los cartuchos están ya agotados. Los cuatro principales candidatos tiran de tópicos en la jornada de silencio. «No puede difundirse propaganda electoral ni realizarse acto alguno de campaña una vez que ésta haya legalmente terminado». La jornada de reflexión, que no existe en países como Estados Unidos o Alemania, pero sí en otros como Italia o Francia, significa en España un capítulo dedicado en cada cita electoral a los mismos ritos. Ni la nueva política ha querido escapar de la liturgia tradicional. Los principales candidatos aprovecharán el día para hacer deporte, ir al cine, descansar y estar con la familia. Al mediodía todos habrán votado, y vivirán junto a sus equipos noches decisivas para el futuro de sus partidos y del país.
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