Dice el refrán que se conoce a la pareja en el divorcio, a los hermanos en la herencia, a los hijos en la vejez y a los socios en las crisis. Al proverbio se puede añadir un pestaña más: se conoce a los deportistas en la derrota. Carlos Alcaraz casi nunca pierde (17 victorias y dos tropiezos este año), pero cuando lo hace, como este fin de semana en el torneo de Miami, su patrón se repite en los últimos tiempos: quiere regresar al calor de su casa, en Murcia, y se sorprende por ser el enemigo a batir, todos sus rivales dan el 110% para intentar superarlo. En ese panorama idílico durante los partidos de tenis que suele dibujar el optimismo de Alcaraz, su sonrisa contagiosa, su puño al aire, su mano a la oreja reclamando aplausos, se plantó una nube negra el domingo en su duelo con Sebastian Korda. Una tormenta que lo enojó y confundió, lo llevó a la derrota y a un hartazgo verbalizado en duras expresiones durante el juego: «Como mucho puedo hacer un 6-3 y 6-4, o un 6-3 y 7-5... ¡Hoy no puedo más! ¡Es un no parar! ¡Quiero irme ya a casa! ¡No puedo más! ¡No puedo más, tío!», gritó hacia el palco de su equipo, con su nuevo entrenador Samu López a la cabeza. Una retahíla de manifestaciones espontáneas en un día siempre oscuro que reeditó el episodio del año pasado ante David Goffin. Tanto el belga en 2025 como Korda borraron de la pista al número uno mundial, cuyo repertorio de derechazos, dejadas y carreras imposibles pasaron a mejor vida en un domingo que se suponía feliz para el clan Alcaraz. Se vio al tenista desgastado mentalmente, con el cansancio producto de la presión en una potente temporada, Australia, Doha, Indian Wells (donde cayó ante Medvedev en semifinales) y Miami casi de forma consecutiva. «Mis rivales juegan sin presión -analizó el tenista murciano-. Esa es la sensación que tengo después de cada partido. Es obvio que cuando estás ganando torneos y tienes un gran balance de victorias y derrotas todo resulta más fácil para los rivales en cuanto a la presión. Siento que tienen más que ganar que perder en esos partidos». Algo similar comentó el tenista español cuando cedió ante Medvedev en Indian Wells. «Nunca había visto a Daniil jugar así. Jugó de manera increíble, muy agresivo, lo que me sorprendió un poco». Este lunes Alcaraz había serenado sus emociones. «Ayer no fue el día, volveremos más fuertes el año que viene. Ahora es momento de recargar baterías y preparar la gira de tierra batida», comentó las redes sociales. María Cabrera fue tenista y hoy ejerce como psicóloga deportiva. Ha trabajado con deportistas y con clubes de fútbol como el Zaragoza, el Málaga o el Villarreal. Su visión sobre los agobios de Alcaraz: «Sus palabras se han asociado como un signo de debilidad, pero yo veo una saturación emocional en momento de alta exigencia. Alcaraz es un jugador con mucha implicación emocional, vive el juego con intensidad, pasión y un talante muy positivo en energía y conexión con el público. Pero eso implica que en momentos de frustración o bloqueo, también puede verbalizar ese desbordamiento porque lo vive con tanta intensidad que puede mostrar la otra cara. Expresa los malos momentos». Ricardo de la Vega es psicólogo y doctor en Ciencias del Deporte. Opina sobre las reacciones de Alcaraz que «referirse al contexto familiar, querer volver a casa siempre es un punto de seguridad, donde nos sentimos a gusto. Es una aceptación incondicional que nos aparta del estrés, de la derrota o la victoria. La casa es un reforzador muy potente». Según María Cabrera existe un factor clave en Carlos Alcaraz: «Es el cambio de rol que ha vivido. Ya no es el joven que sorprende, sino uno de los referentes del circuito. Eso implica que todos los jugadores salen a ganarle con un plus de motivación. Asumir ese estatus no es inmediato, requiere de un proceso de adaptación mental, de maduración. Gestionar esas expectativas externas tan altas supone sostener una presión constante y aceptar que cada partido es una final. Ya no se le permite cualquier cosa, se le pide que siga en ese nivel, eso supone sostener una presión constante, interna y externa. Esto forma parte del proceso de maduración y él aprenderá a canalizar esa emoción sin perder su identidad». «No tendría que afectarle que sus rivales se crezcan ante él -considera Ricardo de la Vega-. Debería aceptar esa situación. Hay diferentes modelos teóricos respecto a esto. Ante un rival superior, un deportista saca el 200% y más ante el número uno, es un esfuerzo volitivo, se implica mucho más desde la motivación».
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