A Luis Rubiales le interesó el fútbol casi desde que empezó a andar. Cuando tenía tres años, pidió a sus padres que le compraran unas botas. Su madre le dijo que esperara un poco, y el niño se pasó tres días llorando; no paró hasta que se las compraron. Después quiso ser torero, pero esa vocación fue en cambio pasajera: su padre (que es su gran referente) lo acompañó un día a una corrida en Motril y llevó consigo un capote. Cuando llegaron, Luis padre le prometió que lo dejaría saltar a la arena en cuanto apareciese el toro. La maniobra disuasoria tuvo éxito: cuando asomó el morlaco sobre la arena, el niño se hizo pis encima. La tenacidad es... Ver Más
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