domingo, 3 de marzo de 2019

Un Madrid previsible y con un problema acuciante de gol

El gol de Rakitic bloqueó al Real Madrid. Los hombres de Solari querían adelantarse en el marcador para cambiar la tónica del clásico y obligar al Barcelona a arriesgar en ataque y el tanto del centrocampista croata congeló al conjunto blanco y a la afición del Bernabéu. Volvían a remar contra la corriente, con la necesidad de marcar y el peligro de dejar huecos y pagarlo caro, como sucedió en la Copa. Más de los mismo, era el sentimiento en el césped y en las gradas. Se notaba en el campo. Tras el 0-1, el Madrid atacó con decisión durante cinco minutos y pasado el acoso, el equipo visitante volvió a tomar el control del partido. La santiaguina de Solari en el descanso supuso que los locales salieran en el segundo tiempo con otra inyección de carácter, en busca del empate. Pasado el arranque, el líder volvió a dominar la situación. El Madrid se mostró previsible, sin ideas, cansado por el desgaste del miércoles. Solo Vinicius y Reguilón marcaban la diferencia de un guión conocido. Vinicius y Reguilón volvieron a ser los mejores hombres del Real Madrid, con su tendencia ofensiva continua y su velocidad El centro del campo madridista no tenía pulmones. Hacía falta savia nueva. Y Solari la introdujo.Kroos no funcionaba y el argentino le sentó pronto para dar entrada a Fede Valverde, un fajador con talento. El problema del campeón de Europa es que su necesidad genética de buscar el gol generaba unos pasillos en la retaguardia que provocaban el miedo en los graderíos. Cada contraataque barcelonista enlazado por Messi, Dembelé o Suárez, era de infarto.Sin velocidad. La foto del clásico ya la habíamos visto antes: Vinicius estrellaba sus disparos de gol en la nutrida zaga azulgrana y la respuesta visitante era una contra con medio campo libre para correr y Courtois erigiéndose en un valladar de sufrimiento.El mal encuentro de Bale, que no aportó nada, significó su sustitución y los pitos de los seguidores. Solo ha disputado seis partidos completos esta temporada, dato que demuestra su falta de rendimiento y el terror a una lesión. Era el último tren del galés para echarse al equipo madridista a sus espaldas y pasó desapercibido. Mala actuación del número once, que no se gana la titularidad en sus participaciones. Entró Asensio, otro delantero que perdió su lugar en el once y que busca de redimirse hacia la titularidad. El mallorquín jugó entre líneas, como un segundo punta falso, a diez metros de Benzema, situado el francés como ariete puro. Tenía la orden de disparar a gol con su excelente tiro desde lejos. Saltó Isco a calentar y la grada jaleó al malagueño, que no jugaba desde hace un mes, afectado también por una lesión de espalda. Fede Valverde y Marco Asensio no pudieron evitar que el Real Madrid notara el cansancio. Atacó a rachas con el anhelo del empate y pagó el esfuerzo. Solari salió al borde del césped para pedir al balear y a Vinicius, inagotable a sus 18 años, para que bajarán al centro del campo a presionar y dar aire al conjunto blanco. Cada recuperación de balón del Barcelona era una jugada de gol. El Real Madrid disparaba sin acierto, generalmente en las botas del joven brasileño, y el cuadro catalán respondía con mayor peligro. Los aplausos al calentamiento de Isco tuvieron premio. El andaluz saltó al campo cuando faltaba un cuarto de hora de partido. Solari le dio instrucciones para tener la pelota con su calidad y dominar la situación. Relevó a Casemiro, que no estuvo fino. Fede Valverde se situó como pivote. El equipo local dominó territorialmente en persección de la igualada. El clásico se transformó en una ruleta rusa, con remates en ambas áreas. Un error o un rebote podían cambiar la situación. Vinicius y Asensio metieron otra marcha al ataque madrileño, pero faltaba la puntería en el tiro final. El Real Madrid de Solari volvía a pagar el defecto que ha sufrido en estos últimos tres clásicos, pues en el duelo copero del Camp Nou, 1-1, pudo vencer y tampoco supo.Los blancos lo dieron todo, con más fuerza que concisión. No se les podía reprochar su entrega. Pero no había velocidad. Su juego no sorprendía, todo estaba previsto por el Barcelona. Nunca hubo «punch» en el pase decisivo ni en el remate.

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