miércoles, 27 de marzo de 2019

Morata salva una noche de España para olvidar

Fue un martes extraño y sin sonrisas en Malta, alterada la paz de la selección porque, poco antes de la comida, se informó de la ausencia obligada de Luis Enrique en el banquillo porque un asunto familiar de extrema gravedad le obligó a dejar la concentración para estar con los suyos, lo primero es lo primero. Sin que trascendiera mucho más, se cumplió con el plan establecido y hubo un aburridísimo partido de fútbol en el estadio de Ta’Qali que solventó España sin sudores, qué menos, pero tampoco sin mucha alegría ni brillantez. El fútbol ya no acepta goleadas tan escandalosas como las de antes y Malta aguantó el tipo como buenamente pudo, angustiada para que no se repita jamás aquel 12-1 con el gol celestial de Señor que dio la vuelta al mundo. Con un par de tantos de Morata le bastó al combinado nacional, líder de su grupo en esta clasificación para la Eurocopa que se detiene hasta junio. Casi que mejor, citas así son durillas. Más que nada porque estas fases se hacen un poco largas, si bien es cierto que esta vez está todo más concentrado y se disputan los diez encuentros comprimidos en un año. España ya lleva dos, y tampoco es que se puedan extraer grandes conclusiones por varios motivos. Los rivales, Noruega y Malta, no sirven como para tomar referencias y cabe recordar que la selección, lo dice Luis Enrique, está cocinándose a fuego lento, inmersa en un proceso de evolución que deriva en mil experimentos con gaseosa como el de utilizar a Bernat de extremo. No se le podrá negar al entrenador su intervencionismo, pues agita el árbol desde que aterrizó por Las Rozas y no se corta ni un pelo a la hora de tomar decisiones. Asumiendo que el equipo de ayer llevaba su sello por mucho que en la banda diera las órdenes Robert Moreno, segundo y fiel escudero, no deja de extrañar que de entrada hubiera hasta ocho caras nuevas en el once, muchísimo cambio. Solo Ramos, Asensio y Morata mantuvieron su puesto y la verdad es que España, leída la alineación, parecía un equipo de serie B en pleno bolo de verano. También es cierto que si hay un día para atreverse y mezclar ideas es este, con un enemigo sin pedigrí al que sabes que le vas a ganar sí o sí. Gol en balón largo La victoria no merece demasiadas reverencias, encarrilada a la media hora con un gol de Morata reparador después de hartarse a probarlo el sábado en Mestalla. El delantero cazó un balón largo que le envió Hermoso, ganó la espalda a su limitado defensor y superó con la izquierda a Bonello, que a estas alturas ya sabe todo el mundo que es el hijo de aquel Bonello del Villamarín, el de la noche en la que los españoles, por fin, fueron héroes del balón por semejante proeza. Antes del bingo de Morata, que no marcaba desde 2017 de rojo, al equipo se le hizo bola la noche porque tampoco apetecía nada. Era obligatoria una dosis infinita de paciencia, mover la pelota y esperar algún agujero, pero Malta se ordenó dignamente y a los españoles se les hacía de día en la circulación. Solo Sergi Roberto sobresalía y buscaba el balón sin la necesidad de que se la pusieran en los pies, un futbolista que vale para todo y que tiene una visión estupenda. Desde su banda, la derecha, llegaron las primeras oportunidades, todas con final en Saúl y disparo a las nubes. Hasta tres ocasiones claras dispuso el centrocampista rojiblanco llegando desde atrás, una virtud que habrá que exprimir con más frecuencia para así alterar, de vez en cuando, esa tendencia mil veces repetida de querer entrar con el cuero en la portería. Eso sí, metiendo alguna estaría mejor. El segundo acto tuvo el mismo ritmo plomizo, aunque hubo algo más de espacios que aprovechó, principalmente, Asensio. No hubo noticias de Kepa, que fue el defensor de la cueva de España, y con una parsimonia desesperante se consumió un partido para olvidar. Entró Muniain por Bernat (definitivamente, no funcionó esa prueba) y la presencia de Jesús Navas en el césped llevó a Sergi Roberto al centro del campo para dejar al sevillista pegado en la banda. Por ahí llegó el segundo, buenísimo el centro de Navas para que Morata enterrara su mal fario con la cabeza. Se desmarca y las caza casi todas, y en este caso remató con potencia para hacer suya la noche. Fue, definitivamente, la mejor noticia en La Valeta, en donde Ramos buscó con esmero prolongar su racha realizadora y estuvo cerca de superar a Bonello en varias intentonas. También la tuvo Canales, que ha respondido con nota en esta concentración, pero no hubo nada más que celebrar salvo el pitido final. Del empacho del 12-1 a un 0-2 sin mayor historia del que no se hablará dentro de unos años, e incluso lo mejor sería no recordarlo demasiado salvo por los dos goles de Morata.

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