domingo, 10 de marzo de 2019

BIC para los grandes nombres de la arquitectura del siglo XX

Las grandes obras arquitectónicas de los maestros del siglo XX van a contar también con protección. Es intención de los responsables de la consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid otorgar la categoría de Bién de Interés Cultural (BIC) a las más representativas de entre estas obras, con el fin de evitar su deterioro o incluso su pérdida. Es un camino que ya ha iniciado la Dirección General de Patrimonio, con el reconocimiento a edificios tan singulares como la Torre del BBVA en la Castellana, el gimnasio del colegio Maravillas o, el último en incorporarse, la casa de Lucio Muñoz. Este es, de momento, el último expediente incoado para convertir un inmueble del siglo XX en BIC. Se otorgaría en la categoría de monumento a este inmueble, un chalet situado en la calle de los Jardines, en Torrelodones, y que fue vivienda de la pareja de pintores formada por Lucio Muñoz y Amalia Avia. El área de Patrimonio regional lo considera «uno de los más importantes ejemplos de vivienda unifamiliar de la segunda mitad del siglo XX por su estructura innovadora y su magnífica inserción orgánica en el paisaje». La vivienda fue construida en 1962, según el proyecto del arquitecto madrileño Fernando Higueras Díaz, por encargo de los pintores. Precisamente esta vivienda le valió ganar el Premio Nacional de Arquitectura, «Casa Lucio». También son suyas las 1.000 viviendas sociales de la U.V.A. de Hortaleza, un proyecto que fue seleccionado en 1969, en el X Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos, por Louis Khan y Le Corbusier como el más humano de entre más de los dos mil presentados. Nueva línea de trabajo Esta casa de Lucio Muñoz está en camino de convertirse también en un BIC contemporáneo, al igual que la Iglesia de San Agustín, obra del arquitecto Luis Moya. Son, junto con los antes mencionados, los últimos ejemplos de una nueva línea de actuación que busca dar valor y, de paso, proteger las grandes construcciones de la última mitad del siglo XX. Como explica el consejero de Cultura, Jaime de los Santos, el Patrimonio «es un bien colectivo que nos ayuda a explicar lo que fuimos en el siglo XX, lo que somos en el siglo XXI y lo que queremos llegar a ser en el futuro. Es por eso que resulta tan importante comprometernos como administración y como sociedad en la conservación de la arquitectura del siglo pasado». Con esta idea trabajan ya en la Dirección General de Patrimonio. Su responsable, Paloma Sobrini, lo explica: «Son los trabajos de arquitectos del siglo pasado que desarrollaron su labor en un momento muy especial: no había casi materiales, ni información de las tendencias europeas y americanas; tuvieron que crear su propio estilo». Lo hicieron, y algunas de sus obras son sumamente destacables, pero «hay edificios de entonces que ya están viejos o necesitan una adaptación a nuevas normativas». Por eso se hace tan importante, añade Sobrini, que cuenten con una protección que garantice que «cualquier intervención se haga sobre ellos con criterio de mantenerlos; si no, pueden perderse». La nueva línea de trabajo iniciada por Cultura servirá también para dar valor a estos inmuebles de especial relevancia ante los ciudadanos. «Igual que saben qué es una iglesia barroca o una fachada churrigueresca, un edificio moderno no lo valoran; hay que explicarles porqué son valiosos, hacer esa labor didáctica», indica Sobrini. La directora general de Patrimonio pone un ejemplo muy gráfico para los madrileños: el edificio Capitol, que es BIC desde hace años. Eso ha permitido que, más allá de su popularidad cinematográfica, todos sepan por qué es tan valioso arquitectónicamente hablando. Elementos con valor La protección de estas joyas de la arquitectura contemporánea también puede hacer posible que no se repitan sucesos como la desaparición del edificio de la «Pagoda» de Miguel Fisac, en la calle Josefa Varcálcel, que desapareció bajo la piqueta en 1999. El edificio se quedó, sin embargo, fuera del catálogo de edificios protegidos del Ayuntamiento de Madrid en el Plan de Urbanismo de 1997, porque entonces se consideraba que esta calificación sólo le correspondía a obras históricas. «Por eso –insiste Sobrini–, instamos al actual Ayuntamiento a que actualice este catálogo, a la vez que nosotros incluímos nuevos BIC, y también bienes de interés patrimonial». Esto permitirá conferirles protección, tanto en su totalidad como a algunos de sus elementos integrantes, tanto por su valor patrimonial, histórico, arquitectónico como artístico. «Se les debe incorporar para darles el nivel correspondiente de protección; si no está ahí, los propietarios no están enterados» de la necesidad de mantenerlos. Y como el patrimonio a conservar no está sólo en la capital, el Gobierno regional también se ha puesto a la labor de ayudar a los pequeños ayuntamientos con todos los estudios técnicos para que puedan actualizar sus respectivos catálogos. «Lo estamos haciendo con los municipios de menor tamaño, los que no tienen posibilidades materiales de hacerlo ellos, y este año vamos a continuar con los que tienen hasta 3.000 habitantes», promete Sobrini. En los tres meses que queda de legislatura, promete nuevos «BIC modernos». Más de 500 con protección Más de 500 elementos de la región son ya Bién de Interés Cultural (BIC) o están en proceso de serlo. Sus expedientes se han incoado y se están tramitando. Aunque algunos son más recientes, como el Teatro Albéniz (obra de José Luis Durán de Cottes, Enrique López-Izquierdo y Manuel Ambrós Escanellas de 1947) o el Edificio Carrión (construido en 1933 bajo proyecto de Luis Martínez-Feduchi y Vicente Eced), la mayor parte corresponden a inmuebles o iglesias que se levantaron varios siglos atrás. De todos ellos, aproximadamente la mitad están en Madrid capital, mientras que el resto se reparten por varios municipios madrileños, siendo los que más BIC acumulan –además de la capital– los de Alcalá de Henares, Aranjuez y San Lorenzo de El Escorial.

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