«Que no vuelva jamás». Cristiano Ronaldo era jugador del Manchester United, una de sus estrellas, pero la opinión pública inglesa pidió su deportación deportiva inmediata aquel caliente verano de 2006. Todo por un pícaro guiño de ojo durante el partido Inglaterra-Portugal correspondiente a los cuartos de final del Mundial celebrado en Alemania. Había transcurrido poco más de una hora del encuentro disputado el 1 de julio en Gelsenkirchen . Rooney, delantero inglés que también militaba en el United, disputaba un balón rodeado de tres defensas portugueses. Uno de ellos, Carvalho, cayó al suelo y el atacante británico le dio un pisotón en la entrepierna. Vista la acción, Cristiano corrió de inmediato hacia el árbitro de la contienda, el argentino Horacio Elizondo, exigiéndole que expulsara a su compañero (de club) y rival (ese día). Rooney observó la actitud de Ronaldo y, enfadado, le agarró intentando separarle del colegiado. Y a renglón seguido empujó al luso reprochándole su actitud. Elizondo apreció la escena y, raudo, llamó aparte a Rooney y le mostró la tarjeta roja. Mientras el atacante inglés se iba del campo, Ronaldo se alejaba de la zona de conflicto para volver a su posición y seguir jugando. Pero durante el recorrido, la cámara le enfocó en primer plano justo cuando miraba hacia su banquillo y guiñaba el ojo derecho. La imagen del guiño, congelada y mil veces reproducida, provocó un incendio en Inglaterra. Fundamentalmente porque una vez que el partido finalizó igual que había comenzado, sin goles, Portugal eliminó a Inglaterra en la tanda de penaltis. Los británicos echaron de menos a uno de sus grandes especialistas en ese apartado, Rooney, y, para colmo de sus males, Cristiano anotó el tanto definitivo de la victoria lusa (3-1). La prensa inglesa reaccionó con enorme hostilidad hacia Cristiano Ronaldo. En un visto y no visto pasó de ídolo a «enemigo público número uno» del Reino Unido, un «traidor deliberado» a su compañero Wayne Rooney, a su club y al país que le había acogido y elevado a categoría de estrella internacional. Los diarios, especialmente los tabloides sensacionalistas que venden millones de ejemplares, se ensañaron con ese guiño de ojo cómplice que Ronaldo lanzó hacia su banquillo. Así, 'The Sun', el el más leído en Gran Bretaña, hizo un desagradable juego de palabras con el término insultante «wanker» (capullo o miserable) y «winker» (guiñador). Incluso llegaron a imprimir una diana con la cara del futbolista portugués para que lectores y aficionados le lanzaran dardos. Hubo más titulares como el de «un compañero de club de dos caras». Le acusaron de falta de ética profesional y compañerismo y criticaron que utilizara «artimañas y trucos sucios» para perjudicar al amigo con el que compartía vestuario en Old Trafford. No faltaron figuras históricas del fútbol inglés que se apuntaron al linchamiento público. Algunos con modos y maneras inadmisibles. Fue el caso de Alan Shearer, que llegó a decir en la BBC, televisión pública británica, que «Rooney debería darle un puñetazo a Ronaldo cuando ambos se reencuentren en el entrenamiento del Manchester United». Más moderados fueron Gerrard y Lampard, quienes se declararon «absolutamente disgustados» con la actitud del luso, calificando su comportamiento de «totalmente fuera de lugar». Cristiano prefirió no entrar en el cuerpo a cuerpo. Alegó que él no había provocado la tarjeta roja de Rooney y acusó directamente a los periodistas del revuelo montado: «Es la prensa inglesa la que está agitando las cosas». Finalizado el Mundial y de regreso al United, los hechos y los éxitos le dieron la razón. Cristiano y Rooney siguieron llevándose bien fuera y, sobre todo, dentro del campo. Formaron un dúo atacante letal y vital para posar en las vitrinas del club inglés tres títulos de Premier League (2006-07, 2007-08 y 2008-09), 1 Copa de la Liga (2008-09), 1 Community Shield (2007), 1 Champions League (2007-08) y 1 Mundial de Clubes (2008).
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