
España está pasando casi sin querer de los «ofendiditos» que declaran fascista a cualquiera que tenga a un vecino, primo de un antiguo cuñado que una vez sacó dinero de un cajero bajo una sede de Vox, a los «enfadaditos». El Congreso rebosa de «enfadaditos» en primer tiempo de saludo. Son «enfadaditos» viscerales, «enfadaditos» del Far West a los que la democracia debe la vida y poder respirar un día más sin caer abatida por una mirada letal. La mañana comenzó densa, con clima de ruptura y de «no es no…, que no, que no». Y siguió con Gabriel Rufián citando a Unamuno como un derechista. Pero ojo, un derechista «justo», no de los de ahora. Señal de que aunque...
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