
Fue un tormento que desembocó en pesadilla. Como una reedición de los peores fantasmas. El Atlético está fuera de la Champions después de una noche negra en Turín, imposible el consuelo para un equipo que siempre estuvo a merced de la Juventus, de su vigor y su fe, de un Cristiano inconmensurable. El portugués dictó un recital de esos que se recuerdan. Nunca hubiera sido eliminado el grupo de Simeone sin el destello, la pujanza de un futbolista soberbio que no solo marca la diferencia, sino que decide el curso de la historia. El Atlético, sin respuestas ni recursos, palideció ante Cristiano, su influencia en el juego, su poder para el remate, sus tres goles. Simeone, que solo había perdido dos eliminatorias, vuelve a chocar contra la Champions, el torneo maldito del Atlético. El encuentro comenzó a jugarse mucho antes de las nueve. Lo hizo en las plataformas que tamizan la industria del fútbol, las televisiones, las redes sociales, el eco infinito de internet. Durante días en Turín se catalogó la noche de histórica, se apeló a los intangibles, la adrenalina, el orgullo, la fe, se invocó a Sivori, Boniek, Platini, Del Piero, Pirlo o Buffon. Sky, el gigante televisivo propietario de los derechos en Italia, organizó sesiones maratonianos de directos, conexiones con el estadio, con el restaurante donde Andrea Agnelli llegó custodiado por una legión de carabinieri, con cualquier escenario de Turín que agitase los instintos. No hay más equipos italianos en la Champions. Y la Juventus, Exor, la familia Agnelli, ejerce la influenza más que nadie en este país. Con ese condimento, la introducción del partido -decibelios, el himno a capella, el tifo fervoroso, casi místico- ponía los pelos de punta a cualquier visitante. Espectacular puesta en escena. El deseo se convirtió en certeza sin remedio para el Atlético. La salida de la Juventus fue mucho más que descorchar una botella de champán. Una sinfonía de talento y entusiasmo combinado con el vértigo y la táctica. Ráfagas en blanco y negro recorrieron a los jugadores colchoneros en el campo y a los aficionados a través de la pantalla. Cristiano ha aportado a este equipo su ambición incomparable. Ese ego enaltecido que lo convierte en un prodigio en el césped y en un tipo irritante fuera de él. Pero no se concibe esta Juventus electrificada sin el portugués, que a los minutos ya había encendido al precioso estadio con un falta sobre Oblak que Chiellini convirtió en gol. Fue falta de CR, pero ya expuso que allí no había freno que valiese. El Atlético se encogió en esa atmósfera enervada, mucho más que hostil. La grada combinó con Pjanic, se enganchó a la fabulosa zurda de Bernardeschi y remató cada balón con Cristiano. Magnífica la Juventus en el primer acto. Expuso al Atlético que su estudiada y briosa defensa no iba a ser suficiente esta vez. Se hizo evidente que el grupo de Simeone necesitaba un gol porque el de la Juve llegaría más pronto que tarde. Mal pálpito Fue un centro que midió a Juanfran con Cristiano y reprodujo el curso de la noche. El exmadridista se merendó, todo potencia, al defensa y también a Oblak. 1-0 en el mal pálpito que daba el panorama. Hasta el minuto 20 no tuvo una posesión potable el Atlético, cuyo recurso al patadón fue excesivo. Morata estiró al equipo, Koke lo intentó de lejos, como Griezmann. Criterio ante la avalancha, triangulaciones ante el vendaval. No aplacó el partido el Atlético, a Morata se le escapó un cabezazo y el asunto derivó en un descanso con sabor a tregua. Cristiano concedió dos minutos de asueto a la eliminatoria que él había desbrozado. Otro remate de cabeza, esta vez ante un especialista como Godín, desmoronó a Oblak, que palmeó el balón pero no pudo con el ojo del halcón. La pelota, por centímetros, entró. La sangría le llegaba al Atlético por los costados, donde ni Juanfran ni Arias taponaban en condiciones. Le faltó un poco de todo durante muchos minutos al Atlético, ideas más allá de la búsqueda de Morata, desborde, la aparición de Griezmann, incluso contundencia defensiva. Salió Correa por un desafortunado Lemar, pero el Atlético tenía pavor a Cristiano, a su pegada. Se fue cauteloso a por un gol que lo clasificase, sin seguridad, como pisando una alambrada. Compareció Dybala. También Vitolo. Talento en un sembrado de músculos. Desquiciados Camino de la prórroga, la Juventus aligeró el peso del partido, aunque siempre amenazó con Cristiano, apoyado el equipo en el criterio justo de Pjanic como distribuidor sin perder una pelota. Lejos de su objetivo, el gol, lejos de sí mismo, el Atlético termimó por desquiciarse. Correa persiguió una sombra, Bernardeschi, y cuando ya no tenía opción lo empujó dentro del área. Cristiano la pegó con el alma, a la derecha de Oblak. El tercero, el final de un sueño para el Atlético.
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