
Si fuera un anuncio sería: «Vinicius y Benzema buscan galés para formar tridente». El Madrid vuelve a tener la posibilidad de una delantera amenazante, porque no hay que confundir la prudencia con la miopía y Vinicius ya está, Vinicius ya pesa. El Alavés planteo un partido trabajoso. Un gran muro trumpiano en el centro, un 4-5-1 entre cuyas líneas no cabía el proverbial bigote de una gamba. El Madrid comenzó garboso. Mandaba napoléonicamente Benzema y tiraban todos siguiendo una orden: Vinicius, Ceballos,Casemiro... En la banda derecha el Madrid perdía el sobrevenido «factor Lucas». Su contagiosa presión y su trabajo de lateral supletorio que libera al compañero. ¿Cubriría Bale la espalda de Odriozola? No, y tuvo que trabajar más Modric y cortarse el «2». El Alavés regalaba la pelota pero si asomó fue por ese lado, con Wakaso buscando a Jony. Se vio muy clara la diferencia entre Bale y Vinicius. Bale puede decidir una Champions en una jugada y desaparecer durante horas. Vinicius no. Vinicius falla en la definición (quizás porque él mismo aun no está del todo definido), pero es constante. Es un extremo permanente y ávido. Se ve en los detalles: cómo recupera tras perderla, cómo mete prisa a los recogepelotas, cómo la pide siempre. Es un extremo concentrado, metido completamente en el partido. Cuando el Madrid estaba secándose un poco, ralentizado por la obstrucción táctica del Alavés, él reclamó la pelota llevando el juego a los márgenes. Lo que hiciese el Madrid lo tenía que hacer por los extremos. Y así fue. En el 30 llegó el gol de Benzema, con asistencia de Reguilón pero con origen en Vinicius. Otro gol que nace de la superioridad que él provoca. Se queda con dos rivales y entonces la pasa al compañero. En este caso, con un caño, que no fue casualidad porque ya lo había intentado antes. Tampoco es casualidad que el mejor Benzema haya aparecido con él. La sociedad existe. Culpamos a Pintus, culpamos a los idus de marzo, pero es Vinicius lo que cambia al Madrid. No es algo episódico. No es un extremo genialoide y ciclotímico. Es un Mauro Silva de la banda, un currante de ida y vuelta, un extremo que gana a los puntos y va sacando cosas. Ha resuelto además el problema de velocidad del Madrid, su reumatismo. Puede sonar injusto, pero se resume así: Vinicius por Isco. Hay uno que se mueve y que la pide siempre y eso cambia todo. Al Alavés lo abrió él. El gol lo planeó de forma similar a como Neymar crea los goles de Mbappé treinta metros antes. Otras dos cosas pasaron en la primera parte. El árbitro evitó 2-0 pitando fuera de juego (sin esperar a la «varificación») en una contra gloriosa de Ceballos y Benzema. La otra fue Ramos, que apabulló por completo a Calleri. En sus «tacklings» recordamos al bello y pimpante Cannavaro. Entran Mariano y Asensio Tras el descanso, el Alavés quiso atacar más y se abrieron espacios. Bale le cambió la banda a Vinicius, necesario sacrificio del brasileño para que su compañero fuera entrando en juego. Lo que pasó es que con los minutos el juego se fue volcando a la derecha. Manu disparó en el 53, la primera llegada digna de tal nombre del Alavés, que empezaba a plantear una amenaza real. El Madrid jugaba de banda a banda, como hacía eones, dinamizado en el centro por Benzema y Modric. El Alavés podía meterse en el partido, pero le faltaba dar el paso. Era un paso de habilidad. Y el Madrid, con mucho espacio ya, sentenció por Vinicius, que empezó la contra y la terminó añadiendo reflexión a la velocidad. Se le ve que lo suyo es correr y que la pausa es lo que entrena. Aun pudo armar el taco con varios pases. Y en el descuento asomó la baraka primaveral del Madrid, el retoñar anual: golazo de Mariano que empezó rematando al aire y acabó como Santillana. ¿Hay «9» para la vía épica? Solari tiene (Isco aparte) al equipo de puntillas.
De Deportes http://bit.ly/2HYNuzU
0 comentarios:
Publicar un comentario