lunes, 22 de julio de 2019

El cortejo de la avutarda

Si para el español medio hay algún castigo mayor que asistir a una investidura, solo puede ser el de asistir a una investidura con dos horas de discurso presidencial a cuarenta grados de plomo, densidad dialéctica y utopía de un progresismo sobreactuado en busca de un Gobierno incierto. Los finales de julio en el Congreso siempre se salvaron con el tedio de una Diputación Permanente anodina, con un trámite de «pim pam pum» parlamentario desganado, con cuatro palmaditas en la espalda entre diputados prevacacionales, y con dos cigarros en el patio del Congreso… Y a seguir con las virtudes del estío. Pero este julio, España está en lo que Albert Rivera bautizó como la «habitación del pánico». Por eso, el... Ver Más

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