
Escoltados por la Policía. La manifestación del Orgullo Gay, convertida desde hace 41 años en un símbolo reivindicativo de Madrid, dejó ayer un poso amargo al paso de la comitiva de Ciudadanos. Encapsulados por cuatro furgones policiales, Inés Arrimadas, Ignacio Aguado y Patricia Reyes -entre otros líderes del partido- y medio centenar de simpatizantes desfilaron ayer desde Atocha a Colón en medio de un enrarecido clima que, por momentos, derivó en insultos y abucheos. Pese a que la organización les impidió llevar carroza tras no firmar este año el manifiesto del Orgullo por considerarlo un documento político, la formación naranja acudió a un desfile que, más allá del boicot sufrido, volvió a servir para que cientos de miles de personas se echaran a las calles de la capital en defensa de los derechos del colectivo LGTBI. Después de ocho días de fiesta y conciertos, la ciudad vivió la jornada central del Orgullo entre cánticos, batucadas y lemas de reivindicación. Los manifestantes portaron pancartas, entre las que se podía leer «Con amor aliviamos un mundo tan poblado», «Amarse entre iguales no es tan diferente» o «Mi libertad preserva la tuya». Pero si una cobró ayer especial simbolismo fue la que sujetaron en la cabecera los activistas históricos («¡Historia, Lucha y Memoria! Por una Ley LGTBI Estatal»), cuya presencia supuso un sentido tributo a los mayores que pelearon por los derechos del colectivo, cuando se cumplen cincuenta años de las revueltas de Stonewall Inn (Nueva York), que marcaron un antes y después en la comunidad gay. «Hemos venido desde Cantabria a pasar unos días de vacaciones a Madrid y no podíamos faltar», contaba a primera hora un grupo de jóvenes, ataviados con banderas y otros objetos con los colores del arcoíris: «Esto es solo el inicio de la celebración. El día va a ser muy largo». Premonitorio o no, lo cierto es que la marcha que precedió al desfile arrancó con más de una hora de retraso. Poco antes de las 20.30 horas la cabecera alcanzó la plaza de Colón, donde tuvo lugar la lectura del manifiesto. Las carrozas, 43 en total, no salieron hasta cerca de las 22 horas. Entre bailes y canciones, la caravana del Orgullo logró trasladar el éxtasis a los congregados. «Da igual que seas homosexual o heterosexual, nadie debería quedarse en casa porque lo que está en juego es la libertad», señalaba emocionada una jovencísima Vanessa: «Desde pequeña he venido con mis padres». Ayer, por primera vez, lo hizo rodeada de su grupo de amigos. Galería de imágenes Vea la galería completa (13 imágenes) Como ella, una multitud de personas (400.000 según la Policía, frente a los 700.000 del año anterior) tomaron el corazón de la capital de forma pacífica. Una máxima que no cumplió un pequeño grupo de manifestantes que trató de impedir el avance de la pancarta naranja, sentándose frente a los miembros de Ciudadanos al grito de «no pasarán» y «Madrid será la tumba del fascismo». En la misma línea, los convocantes cargaron contra la «extrema derecha y a sus aliados» por querer «enviar al colectivo LGTBI a un pasado lleno de discriminación y ostracismo», advirtiéndoles de que «no van a ceder ni dar ni un paso atrás». Así lo expresaron los encargados de leer el manifiesto, interrumpidos en numerosas ocasiones por las proclamas coreadas de «ni un paso atrás» y «que se jodan los de Vox». Precisamente, la formación que lidera Santiago Abascal fue la única ausente. Los populares, en cambio, sí que acudieron (al menos, a título personal), aunque no figuraban en el programa de la marcha: los consejeros en funciones (e independientes) de Cultura, Turismo y Deportes, Jaime de los Santos, y la de Políticas Sociales y Familia, Lola Moreno; y los concejales de Centro y Moncloa-Aravaca, José Fernández y Loreto Sordo, respectivamente. El de Familias, Igualdad y Bienestar Social, Pepe Aniorte (Cs), también estuvo. Al otro lado del tablero político, el PSOE mandó una nutrida representación, en la que destacaron Ángel Gabilondo y Pepu Hernández, portavoces en la Asamblea y en el Ayuntamiento, respectivamente. Del Gobierno central, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, quien sentenció: «No podemos andar con tonterías ni dar combustible a la extrema derecha». Por Más Madrid, su portavoz en la Asamblea, Íñigo Errejón, estuvo acompañado de la edil Rita Maestre y el senador y diputado regional Eduardo Fernández Rubiño.
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