
O hay una profunda división en el Gobierno sobre cómo reaccionar a la ofensiva separatista, al bloqueo que impide la aprobación de los presupuestos generales, y al varapalo de las elecciones andaluzas, o sencillamente no hay más estrategia en el PSOE que la del boxeador sonado que improvisa manotazos al aire como manera de sobreponerse a su estado de shock. El «ya está bien» pronunciado por José Luis Ábalos contra los excesos de Joaquim Torra y su virulenta «vía eslovena» se compadece muy poco con el diagnóstico de Josep Borrell, quien a pesar de percibir un ánimo de «insurrección» en Cataluña, no ve motivos para aplicar el artículo 155 «porque lo que cuenta son las acciones». El mensaje no es unívoco. No obstante, el salto cualitativo que está experimentando el separatismo en Cataluña agrava cualquier previsión porque ya no hay «apaciguamiento» posible, y porque los «comités de defensa de la república» están fuera de control. La amenaza de asaltar el Parlament no es retórica. La «revolución» de los lazos amarillos que, mal que bien, pareció controlar la Generalitat durante unos meses para poner a prueba la voluntad real de cesión de Pedro Sánchez, ha adquirido una deriva propia que no maneja nadie con criterios racionales. Ni Torra, ni Puigdemont, ni Junqueras desde prisión, ni los mossos… Durante una semana, la coartada del crecimiento de Vox en Andalucía y la probabilidad cierta de que el centro-derecha desaloje al PSOE de la Junta sirvieron a Pedro Sánchez para resucitar artificialmente la expectativa de una hipotética aprobación de los presupuestos como «cordón sanitario» contra la derecha. Pero Pablo Iglesias se encargó de desbaratar el plan con una sobreactuada exigencia de que Sánchez liderase un «frente antifascista» mientras en realidad activaba a su aparato electoral y convocaba primarias en Podemos para contener otro conato más de descomposición interna. La tesis oficial siempre fue que Ábalos habla por boca de Pedro Sánchez. Es su mano derecha en el partido y un ministro de acreditada lealtad. Sin embargo, resulta difícil conciliar la tesis de que el PSOE sigue negociando bajo la mesa con el independentismo cuando Ábalos está llamando «iluminado» a Torra. Podría ser el primer guiño de un próximo «giro españolista» para un PSOE alarmado, y con sus barones territoriales en ebullición «insurreccional» y en modo conspiración. Pero con Sánchez tampoco es descartable lo contrario si se impone el criterio de ese otro sector de ministros -Calvo, Montero, Celáa o Batet- que siguen contemplando la aprobación in extremis de las cuentas públicas como la única salida para evitar unas elecciones prematuras. Sánchez tendrá que aclararse consigo mismo, pero aprobar unos presupuestos en la misma fecha en que Oriol Junqueras se siente físicamente en el banquillo del Tribunal Supremo, y con Torra fuera de control, se antoja mucho imaginar.
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