
«Publiqué un libro sobre “los últimos cien metros”, que relataba lo que yo creía que era cómo se tenían que abordar los últimos cien metros del proceso (independentista). (...) Pienso que continúa siendo válido. Es decir, cuando hablo de crear un momento pienso que este libro sobre los cien metros continúa siendo válido, pienso que seguramente tendremos que hacer alguna cosa muy parecida». Estas palabras son de Quim Torra, presidente de la Generalitat de Cataluña, pronunciadas en el Parlamento autonómico, el pasado 5 de julio. El libro al que hace referencia es «Los últimos cien metros. La hoja de ruta para ganar la República Catalana» (Angle Editorial, 2016). Y de esta manera, Torra reafirmaba -en una respuesta a Miquel Iceta (PSC), dato a tener en cuenta- su apuesta por la unilateralidad frente al Estado de Derecho, solo unos días antes de verse con el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. La obra de Torra -publicada dos meses después de que Carles Puigdemont se hiciera con la Generalitat tras las elecciones del 27-S de 2015- explicita los pasos que el independentismo tiene que llevar a cabo para «culminar el proceso», que tendrá que darse al tiempo que se producen «las condiciones de una tempestad política perfecta». Pero si algo destaca del libro es, precisamente, las duras críticas que Torra deja por escrito al catalanismo o lo que se conoce como «tercera vía». A modo de ejemplo: «Nos hemos dado cuenta de que el catalanismo, la herramienta que habíamos pensado útil para construir un futuro o, como mínimo, construir un salvavidas para sobrevivir dentro del Estado español, ya no nos sirve. (...) Pero se ha acabado. Por fin vamos camino de entendernos de una vez -entre los independentistas, se refiere Torra-. Y hemos llegado a donde hemos llegado: al final del catalanismo» (páginas 36 y 37). Hay más, incluso con un tono insultante: «Se han acabado aquellos encuentros furtivos, pactos de madrugada, cuchicheos en la oreja» (pág. 50); «utiliza -el catalanista, escribe Torra- un mínimo de 286 veces al día la palabra seny. Odia tener que decidir algo. Se aferra al statu quo y tiene una aversión patológica a perder. (...) (Era) además de un irresponsable, un auténtico fósil, condenado a la extinción» (págs. 57 y 58); y «se está bien, en el puerto del peixalcovisme [pescado al cesto, emblema del pujolismo], del catalanismo al baño maría, del moderantismo reformista estéril. Hasta la vista» (págs. 76 y 77). Que el ahora presidente del Govern considere que «continúa siendo válido» este libro demuestra el poco afán de cara a llegar a acuerdos con el Gobierno, por más que el presidente Sánchez le siga tendiendo la mano. La respuesta parlamentaria de Torra -hace solo cuatro días- fue a Iceta, al que le recomendó su lectura. «Punto de no retorno» En el panfleto, Torra considera que la independencia de Cataluña se conseguirá sustituyendo la Constitución española por otra, solo catalana. «Un punto de no retorno» tras las elecciones del 27-S, consideradas «plebiscitarias» por el movimiento independentista. Una opción que se basa en acciones unilaterales. «Se trata, simplemente, de aprobar una Constitución catalana que derogue la española. Y punto» (pág. 49) y «la única vía posible no pasa de ninguna manera por la reforma constitucional, sino, sencillamente, por la sustitución: de la Constitución española a la Constitución catalana» (pág. 172). Una propuesta que coincide con lo que el ya Torra presidente de la Generalitat defendió el día de su toma de posesión (14 de mayo de 2018): «Este es un proceso de abajo a arriba y que, después de la discusión ciudadana, que queremos masiva, ha de acabar concluyendo en una propuesta de Constitución de la República de Cataluña». Mientras tanto, Torra defiende en su obra que cabe poner en marcha acciones que preparen el terreno. Entre estas, la de «no cooperación económica con el Estado», pues «solo tiene sentido el cierre de cajas si lo lideran las instituciones del país» (pág. 166). Y que han de ir en paralelo con la construcción de «estructuras de Estado» que permitan, sobre todo, «el dominio del propio territorio» (pág. 205), para que, cuando se «culmine» la secesión, la Generalitat «sea capaz de asumir, desde aquel mismo momento, el control del territorio, de cabo a rabo». «Círculo vicioso» Es decir, en la obra política de Torra por excelencia, este apuesta por conjugar un «círculo vicioso» que consiste en la «ruptura democrática», la «desobediencia civil» y el «proceso constituyente». El aspecto lineal que cubre todo el libro es, sin embargo, el nacionalismo catalán excluyente que no solo diferencia entre «españoles» y «catalanes», sino también entre independentistas y los que viven en Cataluña pero no quieren la secesión de la región. Así, Torra elogia a Heribert Barrera (xenófobo), Daniel Cardona (fascista) y Vicenç A. Ballester (inventor de la estelada y que firmaba sus artículos en la prensa con el acrónimo de las palabras «Viva la Independencia de Cataluña y Muera España»). Y califica como «madrileñizados residentes en Cataluña» (pág. 102) a los catalanes no independentistas. Además, apunta como el día en que se «cruzó el Rubicón» la fecha de aprobación de la Resolución 1/XI de 2015, precisamente la que el Parlamento autonómico ha recuperado la semana pasada, pese a que el TC la anuló solo un mes después de su aprobación en 2015. Torra tiene «un plan». Lo dejó por escrito hace menos de tres años. Ahora es el presidente de la Generalitat. «Política en mayúsculas. La estrategia es la liberación de la patria; la táctica consistirá en utilizar todos los medios al abasto; el adversario, el Estado español» (pág. 224). «Objetivo: driblar las impugnaciones y denuncias, contraatacar a nivel internacional, electrificar el momento» (pág. 226).
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